DEL EDITOR
Por Virginia Rosas
A pesar de haber convertido al Medio Oriente en un polvorín del que no sabe cómo salir, a George W. Bush no se le ocurrió nunca visitar la región. Es cierto que muchas veces envió a su escudera Condoleezza Rice, la fiel secretaria de Estado que durante los ataques de Israel al Líbano dijo sin tapujos que la destrucción del país de los cedros no era sino los dolores de parto para crear un nuevo mapa del Medio Oriente.
Ha tenido que llegar el último año de su mandato para que Bush se decidiera a hacer las valijas y enrumbase a tierras exóticas. La verdad, poco es lo que habrá visto el presidente estadounidense durante su recorrido, pues en Jerusalén el hotel donde se hospedó fue vaciado dos días antes de su estadía y la ciudad de Belén --ubicada en territorio palestino-- fue evacuada completamente para que el texano mandatario se paseara a sus anchas sin peligro.
Bush quería el apoyo de sus aliados en la región para cerrarle el paso a Irán, al que acusa de ser una amenaza para la seguridad de las naciones y el primer padrino del terrorismo de estado.
Pero las cosas no le salieron tan bien como esperaba, pues sus aliados árabes no le dieron apoyo incondicional para aislar Irán, pese al anuncio de una multimillonaria venta de armas a Arabia Saudí y varios países del Golfo Pérsico.
Riad, que apoyó a Washington en la primera Guerra del Golfo --cuando Iraq invadió Kuwait-- , en la Guerra de Afganistán --tras el atentado contra las Torres Gemelas-- y en la invasión a Iraq --acusado de poseer armas de destrucción masiva que nunca fueron encontradas--, no quiere ahora enfrascarse en un nuevo enfrentamiento con un país con el que, por el momento, dice no tener mayores problemas pese a que las evidencias dejan suponer que está enriqueciendo uranio con fines bélicos.
El presidente estadounidense no logró tampoco el apoyo a su mediación en el proceso de paz entre israelíes y palestinos tras la conferencia de Annapolis en noviembre pasado. Dijo que las conversaciones anteriores habían fracasado porque los países vecinos no habían ayudado. Por eso se fue a visitar a los árabes, a ver si lograba que alguno le tendiera la mano a Israel, pero la respuesta del ministro de RR.EE. saudí, príncipe Saud al Faisal, fue tajante: "No sé qué más acercamientos podemos hacer respecto a los israelíes", y recordó el plan impuesto a Arabia Saudí para que reconociera el Estado de Israel a cambio de la creación de un Estado Palestino dentro de las fronteras existentes antes de la guerra de 1967.
Y cuando el miércoles pasado en Egipto George W. Bush se mostraba optimista por la posibilidad de firmar un acuerdo de paz antes de dejar su mandato en el 2009, Israel no tuvo mejor idea que incursionar en Gaza, matar a 19 palestinos y dejar más de 50 heridos.
Y, como si todo esto fuera poco, Bush no logró tampoco que la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) aceptara el compromiso de aumentar su producción para bajar el precio del crudo en vista de la fuerte recesión que la economía estadounidense tendrá que afrontar en los próximos meses.