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LA SEMANA QUE PASÓ

La ley sale para todos

Por Pedro Ortiz Bisso

En plena semana jubilar de Lima, coincidió que un alcalde capitalino fue sustituido por orden del Jurado Nacional de Elecciones (JNE). Tener vigente una sanción por peculado bastó para que el jurado decidiera vacar a Osiris Feliciano, hasta el pasado lunes alcalde del distrito de Santa Anita.

Pero como suele ocurrir cuando la ley da la contra a ciertos personajes, Feliciano recurrió al gastado expediente de que no había recibido la notificación a tiempo. Y dado que eso tampoco dio resultado, algunos de sus seguidores --funcionarios incluidos-- decidieron atrincherarse en el palacio municipal con el fin de impedir la asunción de Leonor Chumbimune, la llamada a sucederlo en el cargo. Fue tanto el escándalo, que Chumbimune tuvo que jurar en la calle, aunque para el momento en que usted lea estas líneas la situación parece haberse tranquilizado.

No es anormal que sucedan estas cosas en nuestro país. Hace pocos días el propio JNE se negó a acatar una resolución del Tribunal Constitucional sobre el caso Fonavi y desafió el Estado de derecho. Y años atrás el país fue testigo, y protagonista, del 'reality show' más escandaloso que se haya visto en la historia de la televisión cuando en vivo y en directo, pintura amarilla de por medio, los directivos de un canal rechazaron a patadas y empujones a un empresario rival, pese a que este se encontraba amparado por un dictamen judicial. Ni en los programas de Laura Bozzo se había visto tanto puñetazo junto.

Aunque cierto es que gran parte de nuestro ordenamiento legal se asemeja a la carta de un restaurante por aquello de estar hecha al gusto del cliente, negar el imperio de la ley es tirar por la ventana el orden establecido, volver a la época de las cavernas, cuando cada quien hacía lo que quería, dependiendo de la fuerza de su musculatura o la eficacia de su garrote.

De poco sirve tener los maravillosos índices de crecimiento que repiten los economistas, si no los encadenamos con una cuota de ciudadanía que permita vivir bajo normas básicas de convivencia, en las que el respeto a la ley no sea solo una desagradable imposición.

Ojalá la justicia no olvide a quienes impidieron la juramentación de la alcaldesa Chumbimune. Sería una lección para aquellos que por un lado exigen el respeto a la ley y por el otro solo les interesa hacer lo que les viene en gana.

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