Por Fritz Du Bois
De ser cierto que cuando la economía norteamericana estornuda el mundo se resfría, entonces deberíamos estar camino a una pulmonía al haber entrado Estados Unidos en recesión. Felizmente el crecimiento de otras economías hace que el contagio sea cada vez menor y en todo caso fluctúa en función de la salud de cada uno. Así, tenemos que Argentina es candidata a una neumonía mientras que el Perú, si bien está sano, debería en todo caso ponerse una vacuna antigripal aumentando el fondo fiscal.
De otro lado, el tipo de cambio sí va a ser afectado, ya que al ser poco probable que en un año electoral el Congreso demócrata le apruebe a Bush su paquete de estimulo fiscal, el Federal Reserve quedaría como el único con capacidad de actuar. Eso aumenta la probabilidad de recortes de tasas por lo que en los próximos meses el diferencial en el interés entre sol y dólar se ampliará aún más y se mantendrá con ello la tendencia a la apreciación. Esa posibilidad y el preocupante alto nivel de la inflación nacional habría llevado al BCR a subir el encaje al ahorro, especialmente en soles, ya que así cuenta con un segundo instrumento para esterilizar sus intervenciones. Más aun, a diferencia de la emisión de certificados, en este caso no hay costo para el BCR y de paso aumentan las reservas que constituyen su fuente de ingresos para financiar compras. Negocio redondo para el emisor.
Si bien sería adecuado para el BCR armarse ante la posible magnitud de la presión al alza del sol, no debe caer en la tentación de convertir en permanente una medida coyuntural ya que esta encarece el ahorro en un país que requiere más bien aumentarlo. Pasado un período luego de la tormenta esta decisión debería revertirse. Asimismo, el banco no debe ceder a presiones y empezar a defender un tipo de cambio determinado. Su función es bajar la inflación y si también puede reducir la volatilidad en el mercado cambiario, eso está bien. Pero lo que no debe hacer es pensar, absurdamente, que puede cambiar la tendencia del mercado. Siempre que un banco central lo ha intentado ha fracasado.
Pero como no hay mal que por bien no venga, la fortaleza del sol va a forzar a las empresas a aumentar su productividad y de esa manera la economía peruana, pese a la falta de voluntad gubernamental en reformar, ganará competitividad real. Ojalá el Gobierno finalmente se ponga las pilas y pase de anuncios, conferencias y panfletos a acciones concretas en infraestructura, en lo laboral y en desburocratizar. Cualquier exportador serio preferiría mil veces, sin dudar, si le ofrecieran tener puertos eficientes, una aduana rápida y transparente, así como arancel cero para insumos y bienes intermedios, antes que depender de un tipo de cambio sostenido artificialmente para poder mantener su presencia en el mercado. Incluso García podría esta semana pasar del dicho al hecho y lograr un acuerdo formal con España para apoyarnos en conseguir un TLC bilateral, ya que el fracaso de la negociación UE-CAN está garantizado.
Asimismo, mientras la anterior recesión (2001) creó en la región una ola de populismo y una explosión de protagonismo chavista, la actual podría más bien corregir la situación. Ello debido a que Chávez, comprando apoyo regional y mundial, gasta como si el barril costara 120 dólares, pero el precio va rápido en sentido contrario. Capaz la era de hielo de la recesión finalmente corte el suero de petrodólares que ha evitado la extinción de los dinosaurios que aún habitan la región.