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EL LADO OCULTO DIEGO ROCA,DIRECTOR GERENTE DE FRANQUICIAS ALIMENTARIAS

Los ángeles de la guarda existen

EL 4 DE NOVIEMBRE DEL AÑO PASADO, JULIO PÉREZ SE CONVIRTIÓ EN EL PRIMER PERUANO CON AUTISMO EN CORRER LA MARATÓN DE NUEVA YORK. JULIO LO LOGRÓ. JULIO NO LO HIZO SOLO...

Por Antonio Orjeda

Todo comenzó siete años atrás. Diego conoció a la maravillosa Liliana Mayo, ella le presentó a su batallón de chicos con habilidades diferentes y, Diego, completamente alucinado, cayó.

Desde entonces Ivonne trabaja en uno de sus restaurantes. Ella es autista y es tan punche que le alegra el día, que inspira a todo el personal. Diego dice que Ivonne es su ángel de la guarda...

A mediados del año pasado se le ocurrió comentar delante de Liliana Mayo que planeaba volver a participar en la maratón de Nueva York. Estás frito, pescadito. Liliana le planteó un reto: que vaya y corra con Julio Pérez, joven autista con un enorme talento para el atletismo. Diego lo conocía. De hecho habían trotado juntos en el Club El Polo. Él lo había llevado, lo había hecho disfrutar de la equinoterapia.

Ni lo pensó. Sobre el pucho, aceptó.

LECCIONES AL PASO
Diego entrenó a Julio durante 18 semanas. Piques, pruebas de velocidad, resistencia. Un día, terminaron en la clínica. Diego, con un cuadro de susto.

Julio estaba mal del estómago y, como no sabía que lo tenía que informar, corrió, corrió y... se deshidrató. Esto no fue nada, sin embargo, frente a lo que ocurrió a mitad del entrenamiento: tuvieron la certeza de que no podrían correr juntos toda la maratón. El ritmo de Julio era diferente. Tenían que hacer algo. En realidad, Diego no tenía por qué, con lo que hasta entonces había hecho era ya bastante. No, pues. ¡Así no juega Perú! "Decidimos trabajar para que él aprendiera a correr solo".

Participaron aquí en un par de carreras. Julio aprendió eso, también que si se cansaba podía caminar, pero, detenerse ¡jamás! El pasado 4 de noviembre, sobre el puente Verrazano, Julio estaba impresionado. Sobre esa descomunal falange había 39 mil corredores. "Mucha gente", le dijo a Diego. Le llamaban la atención los helicópteros.

Arrancaron. Julio acabó en cinco horas, 38 minutos. Desde que se habían separado, Diego no dejó de pensar en él. Cruzó la meta mucho antes, obvio. Junto a Miriam, su mujer, esperaban al valiente, lo vieron llegar. "¿Sabes qué me dijo cuando le pregunté cómo estás? 'Un poco cansadito'... ¡Estaba hecho leña!", se mata de risa.

Hace unos días, una sobrina le preguntó a Diego que de qué le servía a un autista haber hecho eso. Él le habló de la autoestima, que una maratón no la hace cualquiera y que ahora el Ann Sullivan, el centro que conduce Liliana Mayo y al que Julio pertenece, planea organizar un club de corredores y que este atleta con autismo será uno de sus entrenadores; que ahora es más sociable, pues hoy la gente tiene algo más sobre qué preguntarle y, él, Julio, tiene harto que contar.

"Pero --asegura el economista y cabeza de una empresa que factura S/.9 millones al año-- el que se ganó fui yo. Soy yo el que ha tenido la suerte de aprender. Julio me ha enseñado disciplina, a tener paciencia, a comunicarme; y fue muy bonito aprender a comunicarme con él, aprender a 'leerlo'. Definitivamente, haber corrido con él fue una buena decisión".

Sí, pues, tenemos mucho que aprender...

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