El informe periodístico de El Comercio sobre el primer año de gestión de importantes distritos como Miraflores y Barranco revela sus pasivos y activos. Por ejemplo, si bien el alcalde de Miraflores, Manuel Masías, queda bien situado por su énfasis en obras viales y ornato, el incumplimiento de su promesa electoral para dotar de una comisaría al sector de Santa Cruz se hace evidente y decepcionante. Lo mismo pasa con la colocación de cien incómodos rompemuelles en el distrito, medida que no siempre sirve para frenar los accidentes de tránsito.
Barranco, en cambio, está en un proceso de saneamiento económico interno por carencias presupuestales, lo que no le ha impedido sacar adelante el Plan Zanahoria, que establece que bares, peñas y discotecas del distrito solo atiendan hasta las tres de la mañana. Además, hay una queja constante contra la gestión del alcalde Antonio Mezarina por su falta de disposición para convocar la participación del vecino.
Esta es una muestra de cómo las administraciones municipales deben entender que están bajo la atenta lupa de sus electores que, por supuesto, reclaman ser servidos eficientemente.