Cuando se pone la semilla, la inflación cobra vida propia. En los tiempos modernos del siglo XXI la frase suena más a creencia de abuela que a expresión científica
Por Richard Webb
Un dicho que aprendí, no de mis ilustres profesores en la universidad sino de un anónimo, pero cuajado, funcionario del Banco Central de Reserva, es que un poco de inflación es como un poco de preñez. Cuando se pone la semilla --decía el veterano-- la inflación cobra vida propia. En los tiempos modernos del siglo XXI la frase suena más a creencia de abuela que a expresión científica.
¿Qué es eso de vida propia? Hoy contamos con modelos precisos del mecanismo monetario, políticos reformados, y un BCR con disciplina, independencia política y calidad técnica. Es cierto que en el 2007 la inflación excedió ligeramente la meta oficial porque los precios mundiales del petróleo y del trigo se dispararon, pero aquí la moneda nacional se vuelve cada día más fuerte y la economía va viento en popa. ¿Por qué, entonces, darle importancia a la advertencia de aquel viejo funcionario?
Lo que sucede es que en la inflación hay mucho de psicología. Las autoridades no solo deben manipular correctamente los instrumentos en el panel de control; deben transmitir además una imagen de control total. Por eso, en su último Reporte de Inflación, el BCR asegura tajantemente que "ante cualquier desviación, tomará las acciones necesarias". En otras palabras, ¡señores pasajeros, regresen a sus asientos! ¡Aquí no pasa nada! La impresión creada es que se trata de un mero afinamiento de los instrumentos de manejo técnico.
El mismo objetivo persuasivo tiene la moderna política de anunciar metas de inflación. Si para controlar la inflación bastara la manipulación de los instrumentos monetarios, como el encaje bancario y las tasas de interés, el BCR no tendría necesidad alguna de hacer anuncios, como tampoco el chofer de un ómnibus se preocupa de anunciar cada vez que va a girar el timón.
La insuficiencia de los instrumentos monetarios, y el papel que juegan la psicología y los anuncios persuasivos para combatir la inflación, están explicados indirectamente por el BCR en su último Reporte de Inflación. Allí admite que las recientes alzas de precios no tendrán efectos permanentes en tanto no afecten las expectativas, que es como decir que todo estará bien mientras no se despierte el tigre. El reporte también alude a los mecanismos de inflación que se basan en el contagio o en la presión de los costos, como es la espiral entre los salarios y los precios, cuando dice que las alzas recientes podrían volverse permanentes si estas se trasladaran al resto de los precios de la economía.
El margen de acción para la psicología es consecuencia de la elasticidad del dinero. Los medios de pago son múltiples y cambian continuamente, y no todos son fácilmente controlables. En el Perú se ha multiplicado el uso de los dólares, y crece el uso de las tarjetas de crédito y de débito, del e-money y de otros instrumentos de ahorro y de crédito. Cuando se generan expectativas de inflación, se vuelve ventajoso apurar las compras, y para eso el público recurre al uso más eficiente y rápido de su efectivo, y también al uso ingenioso de nuevas formas de pagar, saliéndose del control del BCR. En casos extremos, la elasticidad monetaria ha hecho posibles las hiperinflaciones, que se producen más por el pánico que por un banco central desbocado.
El dicho del veterano funcionario es una exageración; muchos países han vivido largos años con inflación anual de 3% o 4% positiva sin sufrir una aceleración de los precios, pero el fenómeno de la preñez es un peligro latente y sus consecuencias son tan nefastas que se justifica un extremo conservadurismo monetario.