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TREKKING EN HUARAZ

Caminos de ilusión y fantasía

CAMINAR POR LA CORDILLERA BLANCA ES UNA EXPERIENCIA QUE DEBE EXPERIMENTAR AL MENOS UNA VEZ EN SU VIDA

Por Jack Lo Lau

Me duele todo. Las piernas, los tobillos, los hombros, la espalda, los brazos, unos cuantos dedos del pie izquierdo y el cuello cuando quiero amarrarme las zapatillas. Pero no me importa. Antes de empezar esta travesía, de casi 70 kilómetros de caminata por la Cordillera Blanca, no me imaginé que durante cinco días iba a ser testigo privilegiado de un espectáculo único en el planeta. Nevados imponentes, atardeceres de ensueño, apacibles tardes y cientos de sensaciones diferentes lo harán delirar a miles de metros sobre el nivel del mar, muy cerca del cielo. El dolor quedó en un segundo plano y la satisfacción se trasladó al alma.

RESPETO POR LA MONTAÑA
Lo recomendable antes de empezar es aclimatarse un par de días. Yo no lo hice. Me creí Supermán, bajé del bus y me fui directo a caminar. Si el hijo de Kriptón llegó a Machu Picchu, por qué yo no a Huaraz. Error. Pagaría caro mi irreverencia a la montaña.

Arribé a Huaraz dispuesto a descargar todas mis energías. Mientras el resto de la delegación me miraba con desconfianza y temor, yo esperaba llegar a Cashapampa para soltar los músculos. Por un lado: agua, chocolates, caramelos y fruta. Por el otro: lentes, pantalones cortos, bloqueador, repelente y medias especiales para el frío.

Llegamos en bus, después de pasar por Yungay y Caraz, a Cashapampa (2.900 m.s.n.m.). A continuación, a pie, empezamos a subir por la quebrada Santa Cruz (por eso el trekking se llama Santa Cruz). Los caminos se empezaron a aclarar. El primer objetivo era el campamento de Capillachuayta, a cerca de 3.400 m.s.n.m.. Me sentía bien. Caminaba delante de toda la delegación, junto a César, el guía. El mismo al que, días más tarde y a más de cuatro mil metros sobre el nivel del mar, le estaría pidiendo (o rogando) que no caminase tan rápido.

Desde el primer día empezamos a ver nevados y lindas lagunas. Delante nuestro se despejó la laguna Ichiqcocha y después la Jatuncocha, debajo del nevado Quitaraju. Todos los noveles caminantes por estos lares andábamos asombrados por lo que veíamos. Sin embargo, más adelante vendría lo más cautivante.

Después de un poco más de 12 kilómetros de caminata sin sobresaltos, llegamos a Capillachuayta. Todo estaba instalado. Las carpas para dormir, la carpa cocina, la carpa comedor y lo más importante: la carpa baño. Todo ordenado para que uno, extenuado por el sol, los mosquitos, el viento frío, el sudor y el polvo, pudiera descansar apaciblemente hasta el día siguiente.

MUY CÓMODO
Las mañanas son frías, los montes amables y los nevados te susurran al oído cada mañana para que salgas de la carpa a respirar. Estás en medio de todo y en medio de la nada. Pero, felizmente, en el campamento encuentras de todo. Galletas con margarina, mantequilla de maní, mermelada de fresa, mermelada de piña, yogur de sauco y vainilla francesa, avena, leche, café. En las siguientes mañanas y noches tendríamos panes con jamón y queso, panqueques, postres de durazno, chocolate y hasta el popular y revitalizante chinguirito (trago compuesto por finas hierbas de la zona y un poco de alcohol).

En este segundo día nos tocaría un "camino dulce" (dixit César, el guía). El clima fue manso con nosotros y el sol nos trató con cariño. No hubo subidas. Solo un llano que permitía conversar con los demás caminantes y disfrutar del panorama. Hasta que llegamos al lugar de campamento más alucinante de todos. El valle de Arhuaycocha nos recibió en medio de nevados comandados por el imponente Alpamayo. Debajo de él nos esperaba el campamento de lujo con las comodidades a las que ya nos habían acostumbrado.

El tiempo acá nos trata duramente. La noche y el frío se conjugan para hacer sentir su fuerza. Uno tiene que estar muy bien preparado con buenas casacas y bolsas de dormir que soporten --15 °C. Ello nos hará pasar una noche confortable. De lo contrario tendrá una de las peores noches de su vida.

DEMASIADA DUREZA
Este es el día temido. El tercero. El objetivo principal: subir hasta Punta Unión, desde donde nos recibirán con grandilocuencia el Pucajirca, el Ririjirca y el Taulliraju. Una escalada que lo dejará sin mucho aire. La concentración y un buen paso en la caminata serán la diferencia entre desfallecer en el intento y subir hasta la cumbre.

Sin embargo, si es que no puede más, opte por subirse en un caballo, que suelen ir por casi todos los caminos. Cada paso es más pesado que el anterior pero, entre bocanada y bocanada de aire, se desliza una pequeña sonrisa. Uno no se puede sentir mal en medio de la Cordillera de los Andes.

Una vez en Punta Unión, el frío es enorme, pero la vista algo más que impresionante. Como todo alrededor, costó la trepada, aunque allá arriba todo se olvida. Después de eso, lo que queda es más relajado.

Durante todo el recorrido los comentarios son los mismos. Si no nos apuramos, nuestro peor enemigo, el calentamiento global, nos privará de las maravillas que tenemos. En este caso: los nevados. Desde hace ocho años se han comenzado a notar claramente los cambios. Hoy le pronostican no más de 20 años de hielo. Es para sentirse mal cuando veamos por la televisión los cerros sin nieve. El sentimiento será peor si es que hasta ahora no hemos caminado en medio de una de las más fabulosas maravillas de nuestro país.

ALLÁ VAMOS
Recomendaciones: Lo ideal para iniciar la caminata es aclimatarse un par de días en Huaraz. Qué llevar: Ir con ropa adecuada para caminata. Ligera para el día y abrigadora para la noche, además de una bolsa de dormir que soporte -15 °C. No olvide su repelente, bloqueador y lentes de sol. También, mucha agua.
Más información: Qoyllur Tours 242-3758 447-6511 (fax) www.qoyllur-tours.com

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