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"Habría que vivir allí para entender este lugar"

GUSTAVO RODRÍGUEZ. EL COMUNICADOR LLEVA EL NORTE EN SU CORAZÓN

TRUJILLO. "Cuando recuerdo este lugar, me visitan muchas visiones, sabores y brisas. Primero, una Plaza de Armas hermosa que los domingos temprano se llena de gente que va a izar la bandera y a ver marchar a vecinos como ellos. Un paseo por las casonas republicanas. El olor a frito con yuca que puede desayunarse a continuación. Y, cómo no, la Huaca de la Luna. Esta, que está a quince minutos del centro, es uno de los sitios favoritos de mis hijas. Ellas llevan grabada la imagen del dios decapitador que las miraba desde uno de los frisos del monumento. Y no puedo olvidar la playa que vio pescar a los mochicas hace dos mil años: Huanchaco. ¿Cómo no pasear por su muelle luego de haber ido a El Mococho, que compensa su espalda al mar con una sutileza oriental aplaudida por mandatarios? Y ya que mi estómago habla ahora en lugar del corazón: ¿Cómo no comer el helado de lúcuma de El Chileno? ¿Cómo no probar de noche las mollejitas al ajo de San Andrés? ¿Cómo no asombrarse ante la cuenta tras comer rico en el Romano Criollo? En otras palabras: ¿Cómo no querer a Trujillo a pesar de sus taxis convertidos en virus y de su fea sirena en la avenida Larco? Habría que vivir allí para entender este lugar. Doce años, como yo. O un fin de semana, como puede hacerlo usted.

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