Por Fernando Vivas
Contra los pronósticos que hice al enterarme de la tanda de segmentos desorbitados que anunciaba Panamericana para "Buenos días, Perú", a fines del 2007, encuentro que el viejo mañanero ha mejorado.
Aunque poca cosa ha mejorado. Los segmentos son distracciones prescindibles, interrupciones a veces molestas del flujo noticioso que tiene en Gonzalo Iwasaki y Giovanna Constantini a una pareja que no es ni mejor ni peor que Federico Salazar y Verónica Linares, la competencia de América.
Constantini, aunque todavía una novata, es mejor que la Linares, más desprejuiciada y menos cursi; pero Iwasaki, a pesar de que no le falta información, cultura y habilidad para comentar y preguntar, es demasiado ceremonioso, como si cumpliera secretos protocolos que le hacen dudar de hasta dónde llevar una afirmación o una entrevista. ¡Caramba, Gonzalo, despercúdete, que esto es periodismo y no relaciones públicas y no hay que pedirles permiso a Genaro y a los anunciantes por cualquier cosa que se te ocurra! Salazar, en la otra frecuencia, habla con voz propia.
Aunque la pareja prometa, aunque Constantini evolucione y Gonzalo se actualice, poco harán si el canal no los ayuda. A la escenografía, por ejemplo, con enchapados que recuerdan un vetusto bufete de abogados, le falta audacia, originalidad, el toque de vanguardia y modernidad urbana que nos haga empezar el día con ánimo.
Y los nuevos segmentos --repito-- no tienen vuelo ni brío. Luis Cáceres Trigoso, director del espacio, tiene que concentrarse en la dinámica de la pareja conductora, ahí está el alma de un género que debutó localmente con el propio "BDP" en 1981. Gonzalo tuvo largas temporadas al lado de Roxana Canedo. No todo eran risitas y apuestas deportivas, también hubo patadas bajo la mesa, pero prefiero esa ríspida relación que daba paso a entrevistas de actualidad política que hoy han sido apropiadas por Radioprogramas.
Los mañaneros han perdido filo y hoy hay mucha legaña y sonrisa forzada.