Por Robby Ralston. Publicista*
¿En qué parque del mundo los shows empiezan puntualmente? ¿En qué parque del mundo la gente obedece los letreros que dicen "No pisar el césped"? ¿En qué parque del mundo nadie tira un papel al piso?
¿Está pensando en Disney? No se vaya tan lejos. Hay un parque así aquicito nomás. Déjeme que le cuente
Mis sobrinas --desde Costa Rica-- y mi cuñadito y su esposa --desde Paraguay-- han venido de vacaciones. Luego de semanas de playa, Jessica y yo pensamos que era hora de que estos turistas 'turistearan', y decidimos llevarlos a ese nuevo parque del que habíamos oído: el Parque de la Reserva.
¡Wow!
Por fuera es como cualquier parque popular de Lima: tráfico, cuidacarros, vendedores Adentro, no se parece a nada que haya visto aquí.
No voy a entrar en detalles de las fantásticas fuentes, pues espero sinceramente que todo peruano se dé el gusto de ir algún día; lo que me interesa comentar es cómo un ambiente puede cambiar la conducta de las personas que están en él.
Porque, a S/.4 la entrada, digámoslo claro, La Reserva es un parque popular; así lo ha entendido la gente y uno va y se encuentra rodeado de masa.
Pero todo lo que sabemos del comportamiento popular se quedó fuera de las rejas del parque. Adentro, todos nos volvimos británicos. Ricos, clasemedieros, pobres y turistas, todos compartíamos la misma cara de admiración, incredulidad y --creo yo-- la misma sensación de "esto hay que respetarlo".
Durante las horas que estuve allí, no vi a nadie (¡nadie!) pisar el pasto. Había que caminar largo entre una fuente y otra y cruzar directo hubiera sido lo más práctico, pero esa mágica noche todos decidieron respetar las reglas.
No vi un papel en el piso. No oí gritos, ni vi palomilladas, ni escuche groserías. Nadie se adelantó en las colas. Todos decidimos portarnos bien y disfrutar en familia de este maravilloso lugar que --increíblemente-- es nuestro.
Nos volvimos civilizados.
A las 9:30 p.m. (¡en punto!) empezó el show de aguas, música y rayos láser. Los neoperuano-británicos llegamos 5 minutos antes y todos disfrutamos en un silencio interrumpido solo por los "¡oh!" y los "¡ah!"
"En qué momento salí de Lima y aterricé a este maravilloso parque", pensaba, cuando mi sobrino Álvaro preguntó en voz alta: "¿Todavía estamos en el Perú?"
La sensación que genera La Reserva es esa y nada menos.
Inevitablemente, saque mi lección de márketing: el entorno afecta el comportamiento del consumidor; construye algo respetable y lo respetarán.
El trabajo que han hecho en el Parque de la Reserva no da para sutilezas ni escatimar elogios: ¡es grandioso!
Lo que ha hecho Castañeda es una obra monumental que nos devuelve la autoestima y nos genera una enorme sensación de orgullo. Se ganó mi admiración por su osadía, su creatividad y su visión. Millones de felicitaciones a él y su 'team'.
Y si quiere ser reelecto, tiene mi voto. Lo digo así, desde ya, y sin ninguna reserva.
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