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Informe DROGAS EN ASIA

Atrapados con las manos en la coca

Cartas de un peruano encarcelado por drogas en la prisión Stanley remitidas a la enviada especial de este Diario en Hong Kong.

Por Patricia Castro Obando. Enviada especial

HONG KONG. Anonimato. Esta es la condición esencial que establecen todos aquellos que han estado vinculados al submundo de las drogas en Hong Kong, antes de brindar alguna declaración. A pesar de las estrictas medidas de control y los esfuerzos de cooperación internacional, la otrora colonia británica es un destino frecuente del narcotráfico en Asia.

Los largos brazos de las triadas chinas con su centro de operaciones en Hong Kong, han establecido sedes en muchos países, incluido el Perú, y al menos 10.000 contactos que comercializan la droga. Se cree que podrían estar desplazando a tradicionales grupos como la mafia italiana y los clanes sudamericanos, siempre en busca de nuevos mercados.

"No pongas mi nombre. Prefiero que mis padres sigan creyendo que estoy muerto a que se enteren de que estoy preso en Hong Kong por drogas". Así empieza a dar su testimonio un connacional que cumple condena en la prisión Stanley. El cónsul del Perú en Hong Kong, embajador Jaime Pomareda, gestionó el permiso ante las autoridades y estuvo presente en la reunión para garantizar su respaldo.

"Me detuvieron el 13 de enero del 2001, en el aeropuerto de Hong Kong. Venía de Lima y ya había pasado Los Ángeles, y Seúl. Llevaba 4 kilos de cocaína en una maleta de doble fondo --recuerda--. 'Abra su equipaje', dijo el guardia'. 'Trece siempre fue un mal número', pensé".

Este peruano, que actualmente tiene 37 años, nació en Iquitos pero vivía en Lima, en San Juan de Lurigancho. Está casado y tiene una hija. Trabajó en la municipalidad de su distrito como personal de seguridad y hasta logró abrir una ferretería. Un día le avisaron que había un trabajo fácil, bien pagado y de poco riesgo.

"Tomé el lugar de un muchacho que no quiso venir. El chino me prometió 8.000 dólares por entregar una maleta con 4 kilos de cocaína en Hong Kong. Alguien me iba a esperar. Mi esposa no sabía nada cuando partí", explica.

Según cuenta, además del pago que se efectuaría contra entrega, le aseguraron que la condena por drogas en Hong Kong no superaba los dos años de cárcel efectiva. Durante este tiempo, la mafia se encargaría de mantener a su familia en Lima.

"No me quisieron dar ningún adelanto, tampoco se ocuparon de mi familia y el chino que era mi amigo hasta se quiso aprovechar de mi mujer. Ella se fue a Huancavelica y allí vive con mi hija que ahora tiene 7 años", relata.

Varios de los detenidos han testificado ante la policía hongkonesa que fueron reclutados por ciudadanos chinos o de ascendencia china en Lima.

"Este negocio de la droga en Asia es de los chinos. Muchos chifas y casinos son pura pantalla. Nosotros somos la carnada para la policía porque vienen varios, pero solo atrapan a uno y siempre es por soplo", asegura.

La categoría de 'burrier' no aligera la condena. La policía hongkonesa clasifica a todos como traficantes de drogas y las penas van de acuerdo a los gramos de cocaína que el sujeto tenga en su poder.

En los centros penitenciarios hongkoneses, los reos pueden trabajar en los talleres y reciben un salario mensual. "A veces logro sacar hasta 413 dólares hongkoneses al mes (US$50) lo que me sirve para comprar algunas cosas y ahorrar", señala.

Pero el gran negocio al interior de la cárcel --confiesa-- es la comercialización de cigarrillos. "Los peruanos compramos cigarros y se los vendemos a los presos chinos". El reo tiene derecho a hacer una llamada de diez minutos cada tres meses pero debe pagar 175 dólares hongkoneses (poco más de US$20).

También pueden intercambiar cartas entre prisioneros de distintas cárceles y recibir mensajes de sus familiares. "Me escribo con otros peruanos y con varias filipinas, aunque ellas no tienen buena fama. Cuando me entero de que ha caído uno nuevo, le escribo para darle consejos y explicarle cómo debe comportarse", dice.

Según cuenta, la primera regla de oro en la prisión de Hong Kong es aprender a decir 'sorry'. "Cuando llegas a la cárcel te dan una tarjeta en la que dice el día exacto de tu salida. Si te portas mal, entonces, te añaden automáticamente días o meses a tu sentencia. Por eso es importante saber decir 'sorry' a los guardias", asegura.

La mañana en que nos reunimos, al peruano le faltaban dos años, dos meses y 19 días para cumplir su condena. "Me voy a la calle --indica-- el 19 de marzo del 2010. No cuento más los días porque me volvería loco. Buscaré a mi hijita, que es la única que me escribe. No pienso meterme otra vez con drogas. ¿Sabes lo que es perder una década de la vida en una cárcel al otro lado del mundo?".

HISTORIAS DE PERUANOS
De los seis peruanos encarcelados en Hong Kong y Macao, cinco transportaban droga (cocaína o heroína) y uno ha participado en el proceso de depuración. Los primeros dos casos registrados en el 2001, con algunos meses de diferencia, escondieron la cocaína en maletas de doble fondo.

Uno de los ellos es el peruano que aceptó dar su testimonio y el otro es un hombre de 44 años, natural de Lima, que portaba una maleta con 2,5 kilos de cocaína. Fueron capturados en el aeropuerto. Ambos cumplen sentencias de doce años.

En el 2004 se produjo el tercer arresto de un peruano que había llegado a Hong Kong dos meses antes. Apodado 'El químico', es un hombre de 50 años natural de la Amazonía que fue contratado para depurar un cargamento de cocaína mezclada con harina de pescado que venía del Perú. Su condena es de diez años.

Los dos casos siguientes sucedieron en agosto y setiembre del 2006. Un hombre de 38 años, limeño, y una mujer de 25 años, del oriente peruano fueron arrestados en el aeropuerto, al comprobarse que llevaban en el estómago 700 a 800 gramos de cocaína en cápsulas. También recibieron sentencias de doce años.

En junio del 2007 ocurrió el caso más reciente en Macao. Se trata de un peruano de 33 años que provenía de Malasia. Fue encontrado inconsciente en su hotel, lo llevaron al hospital y detectaron que una de las cápsulas de heroína que había tragado se estaba disolviendo. Su expediente está en proceso.

Desde la detención, cada uno recibe un abogado de oficio y un intérprete proporcionados por las autoridades. A diferencia de la parte continental de China, no existe la pena de muerte, aunque las sentencias son prolongadas y estrictas. Al término de la condena son deportados al Perú a cuenta de las autoridades chinas.

"Apenas son detenidos el consulado se preocupa de que se respeten sus derechos durante todo el proceso. Cuando ya están en prisión, los visitamos regularmente, facilitamos la comunicación con sus familiares y cualquier otra necesidad en términos personales", explica el embajador Pomareda.

Las cárceles de Hong Kong cumplen satisfactoriamente los estándares internacionales. "Lo que más resienten los connacionales es la extensión de la condena, la distancia de la familia y vivir en una cultura tan diferente a la propia. Aunque algunos hasta aprenden inglés y cantonés, por su necesidad de comunicarse", sostiene el diplomático.

Hay un común denominador en este grupo: Ninguno tiene antecedentes penales y cuentan con pocos recursos aunque no son pobres. A todos les ofrecieron pagar una suma muy alta por un trabajo aparentemente muy fácil, con penas que "no superan los dos años de cárcel efectiva". Sin embargo, la realidad es otra.

El embajador Pomareda lo explica así: "Hong Kong mantiene estrecha colaboración con organizaciones internacionales, policiales y aduanas de otros países. Es difícil pasar la droga. Casi todos son arrestados en el mismo aeropuerto. Y ese dinero que les han ofrecido nunca lo van a ver. Por el contrario, les esperan al menos diez años de cárcel".

La cocaína no es la más buscada pero sí la más cara
En Hong Kong, el mercado de la cocaína es limitado debido a su escasa oferta. Proviene principalmente de Colombia, el Perú y Bolivia, por vía aérea o marítima. Se utiliza la modalidad de maleta de doble fondo, pastillas en el estómago, bolsas adheridas al cuerpo, mezcla con otras sustancias, encomienda y carga.

Sus principales consumidores son los expatriados o hongkoneses de clase alta que pagan al contado y exigen que la cocaína tenga alta pureza.

No es la droga preferida de los consumidores locales. La heroína ocupa el primer lugar seguida de otros narcóticos. Sin embargo, el precio de la cocaína es mucho más alto que sus rivales.

El precio mayorista por kilo puede llegar a costar 40.000 dólares. El precio minorista por gramo fluctúa alrededor de los 100 dólares, dependiendo de su pureza.

Las condenas en Hong Kong por cocaína dependen de la cantidad de gramos que el acusado tenga en su poder. Hasta 10 gramos: 2-5 años. De 10 a 50 gramos: 5-8 años. De 50 a 200 gramos: 8 a 12 años. De 200 a 400 gramos: 12 a 15 años. De 400 a 600 gramos: 15-20 años. Más de 600 gramos: 20 años a cadena perpetua.

Se puede obtener la reducción de una tercera parte de la pena si el acusado se declara culpable, es la primera vez que ha cometido este delito, o carece de antecedentes penales.

El Centro Penitenciario Stanley, uno de los treinta que existen en la isla hongkonesa, es una prisión de máxima seguridad que aloja actualmente a 1.619 reos varones considerados de alta peligrosidad.

CARTAS DESDE LA CÁRCEL
Testimonio
Cinco peruanos en Hong Kong y uno en Macao cumplen largas condenas por tráfico de drogas. En total, 31 connacionales están encarcelados en el continente asiático

"Ellos engañan a la gente diciéndole que si pierden solo tienes que pagar dos años de cárcel. Además, que si uno se encuentra en la cárcel ellos atendían a nuestra familia los dos años", afirma el peruano que espera abrazar a su hijita al salir de la prisión de Stanley dentro de dos años, dos meses y algunos días, tras cumplir una condena de diez años.

Utilizados como simple carnada "Estos señores que laboran reclutando a la gente en Lima 100% trabajan con la policía de Hong Kong. Sencillamente, para entender, somos la carnada de la policía", confiesa en su misiva el peruano que transportaba 4 kilos de cocaína en una maleta de doble fondo. Fue atrapado en el mismo aeropuerto de Hong Kong.

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