Melbourne [Agencias / El Comercio]. La victoria del serbio Novak Djokovic en el Abierto de Australia, su primer título de Grand Slam, marca el nacimiento de un grande del tenis que nunca ha ocultado su ambición de convertirse en número uno mundial.
En la final, el joven serbio, el primer jugador de este país que gana un 'grande', derrotó ayer a la sensación del torneo, el francés Jo-Wilfried Tsonga, quien hoy aparecería en el puesto 18 ATP, por 4-6, 6-4, 6-3, 7-6 (2) en más de tres horas de juego.
"Es una sensación indescriptible. Todos los jugadores sueñan con esto. Un Grand Slam es especial, dura dos semanas, los mejores jugadores están aquí y al final solo queda uno. Todavía no me doy cuenta de lo que he hecho", dijo Novak, quien sobre la alfombra azul del Rod Laver Arena de Melbourne se convirtió en el jugador número 50 de la era profesional del tenis en conquistar un grande y en el campeón más joven de la historia del torneo, al desplazar al estadounidense Jim Courier.
Fue su revancha tras haber perdido en setiembre la final del US Open. Revancha en dos actos. El primero, en semifinales, al demoler al suizo Roger Federer, su vencedor aquella vez en la definición de Nueva York, y cortarle así la posibilidad del Golden Slam. El segundo, en la final, porque supo cumplir con el papel de hombre más experimentado, pese a que con sus 20 años tenga dos menos que el francés Jo-Wilfried Tsonga, su rival de ayer.
Tras tener un estupendo 2007, Djokovic, 'Nole' --como lo conocen sus compatriotas--, políglota jugador (habla serbio, alemán, italiano e inglés) ha explotado en el primer grande de la temporada, en el que ha logrado el octavo título de su carrera y que pasará a la historia porque ninguno de los dos primeros jugadores del mundo, el suizo Roger Federer y el español Rafael Nadal, han ocupado un sitio en la final, por primera vez en los 11 últimos Grand Slams.
Cosa de tres
Djokovic (3 ATP), hasta ahora el 'tercer hombre', es ya toda una realidad. Su éxito abre la perspectiva de un muy atractivo 2008. La lucha por el primer puesto del ránking mundial ATP ya no es solo cosa de dos.
Novak debía cumplir ayer con su papel de favorito, y supo dominar su juego y sus nervios para hacerlo. "Todavía estoy aprendiendo; no siempre puedes controlar las emociones en el court. Este partido final fue muy importante para mí, porque yo era el favorito y sabía que se esperaba que ganara. Esto es increíble, es algo por lo que esperé toda mi vida, ojalá le dé motivación a mis hermanos", refirió el campeón.
Sus hermanos son Marko --que ya juega en juveniles-- y Djordjae, que fueron incansables ayer en la primera fila junto al padre, Srdjan, y la madre, Dijana, que hace unos años intentó negociar pasaportes británicos para toda la familia, asunto olvidado ya en medio de la explosión de patriotismo serbio que rodea todos los actos del jugador.
FAMOSO EN LA WEB
A la hora de divertirse 'Nole' da rienda suelta a su imaginación. Acompañado por el técnico y ex jugador eslovaco Marian Vajda, desde junio del 2006, Djokovic se ha hecho famoso por sus imitaciones de otros jugadores, como Nadal, Federer, Roddick y Sharapova, y su video colgado en You Tube que exhibe esa cualidad es uno de los más visitados, a pesar del disgusto de sus colegas.
Este año en Melbourne uno de los comentaristas le pidió que imitase a la jugadora rusa y, tras varias negativas, al final accedió: se colocó el pelo y copió la forma de la rusa al saque. "A ella sé que le gusta", dijo, y "no le importa".
Djokovic idolatra a Maradona. Tiene en su poder algo tan preciado como la camiseta de la selección argentina de fútbol que el astro le regaló firmada en el pasado Roland Garros.
NO ES NORMAL
No quiere nombrarlos, pero dice conocer jugadores a los que no les gusta el tenis: "A veces veo a algunos que juegan solo por dinero".
Su ambición de número uno es gigantesca. "Pero no me suicidaré si no lo logro", ha asegurado.
El año pasado en Nueva York cenó con Robert de Niro, contó en su 'esquina' de la cancha con el apoyo de la rusa María Sharapova --llegó a hablarse de un noviazgo-- y sintió por primera vez que era una estrella: "Trato de mantener un balance, de ser normal".
Pero Djokovic no es normal, porque está tocado con la varita mágica del tenis. Sabe que puede ser el mejor en su especialidad. Y en pos de ese objetivo máximo la mejor raqueta de Serbia no desprecia ninguna ayuda.