Pero además la marinera es de esos bailes que, conjugando elegancia y brío, terminaron convertidos de alguna manera en símbolos de identidad peruana.
La fiesta vivida ayer en Trujillo con motivo de la final del Festival Nacional de la Marinera resume lo que despierta tan simbólica danza. Y mientras en el norte el zapateo propio de la marinera sacaba lustre al piso del coliseo Gran Chimú, en Lima descubrimos personajes que desde hace mucho tiempo forman parte de las costumbres veraniegas. Hay uno en especial que sin ser artista le da forma al hielo, pero no para el deleite visual sino para aplacar la sed. Sin ser médico ni farmacéutico 'receta' el mejor jarabe para combatir el calor. Adivinó. Nos referimos al raspadillero.
Baile y sabor. Dos ingredientes para construir o consolidar nuestras tradiciones. ¡Buen provecho!