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Soto, Ibáñez y Waldir, o Cristal, la 'U' y Alianza, tres emblemáticos de sus clubes quieren retirarse en casa. ¿Es justo?

Los últimos dinosaurios

¿Ídolos o qué?

La figura del ídolo, por estos días, parece cada vez más escasa. En este período "moderno", donde abundan el dinero de los empresarios y los pases a Europa son frecuentes incluso para los picapiedras, la fidelidad a una sola chompa es cosa del pasado. Ese ídolo exclusivo, que no cambiaba de camiseta y desechaba ofertas del vecino no existe más, o si existe, aparece solo en casos especialísimos tipo Carranza.

Hoy casi ningún jugador representativo permanece en su club el tiempo suficiente para generar una corriente de verdadero nexo con su barra. Hay "símbolos" o "referentes", sí, pero no auténticos ídolos que generen --como en años anteriores-- un lazo indisoluble con la tribuna. En ese sentido, si Farfán no fue ídolo de Alianza o Vargas no lo es de la 'U' fue básicamente por falta de tiempo, no por capacidad.

Parte de una raza de otro tiempo, más propia de los años 90 que del hipercomercial fútbol actual, aparecen los casos de Ibáñez, Sáenz y Soto. Tres emblemáticos de la 'U', Alianza y Cristal. Tres apellidos que --con sus altas y sus bajas-- encarnaron ese rol de jugador/hincha que haría lo que fuera por retirarse en casa. Si son valorados como "ídolos", "símbolos" o simples "referentes" lo decidirá el fanático. De lo que sí estamos seguros es de que casos como los de ellos, en el fútbol de hoy, veremos cada vez menos.

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