¿Cuándo EE.UU. estornuda, el resto del mundo se resfría?
Por Luis Davelouis Lengua
El debate sobre la situación de la economía de EE.UU. ha cambiado: la recesión, para muchos, es una realidad a la vista. La pregunta ahora es cuán profunda y larga será y si es verdad, como dicen algunos, que la situación de las economías emergentes ha mejorado al punto de haberse hecho menos vulnerables a los problemas internos (y económicos) del hermano mayor. Se pondrá a prueba entonces la validez de la afirmación: "Cuando Estados Unidos estornuda, el mundo se resfría".
El año pasado, un académico, profesor de economía de la Universidad de Nueva York y 'superblogger' llamado Nouriel Roubini dijo en Davos que se venía una recesión en EE.UU. y nadie lo tomó en serio: el mundo andaba bien y las hamburguesas todavía no subían de precio. Resultó que, un año más tarde, su exposición ante el Foro Económico Mundial que se realiza en Suiza cada año (una suerte de CADE internacional en el que empresarios y políticos discuten qué es lo mejor para la economía del mundo con los Alpes Suizos como telón de fondo) fue una de las más atendidas y comentadas: el loco o profeta del desastre tuvo razón. ¿La tendrá otra vez?
¿ACHÍS O PULMONÍA?
Hace un año, Roubini dijo en Davos que la economía de EE.UU. estaba por entrar en un proceso recesivo y se cumplió. Pese a las expectativas positivas de los asistentes. Este año, Roubini ha dicho que los que piensan que ciertas partes del mundo pueden "desacoplarse" de lo que le suceda a EE.UU. y respirar aliviados, están equivocados. La teoría del acoplamiento y desacoplamiento plantea que se puede o bien estar ligado inexorablemente al destino de EE.UU. o se puede escapar de la fuerza de gravedad del gigante por razones como las que se describen más adelante para América Latina y las economías emergentes en general.
En efecto, algunos reportes de importantes bancos de inversión, como Goldman Sachs, Merrill Lynch y Morgan Stanley, entre otros, predicen que la recesión no se sentirá de manera drástica en los mercados con economías emergentes, justamente porque hemos aprendido a ser responsables: porque tenemos las cuentas fiscales en orden, crecemos a tasas por encima de 6%, nuestras economías dependen cada vez menos de las exportaciones y cada vez más de la demandas interna, tenemos boyantes niveles de gasto por consumidor, sólidos sistemas financieros y fuertes inversiones en infraestructura. Eso sí, que no sintamos el golpe no quiere decir que no vaya a haber golpe: dependiendo de la severidad de la recesión, se sentirá más o menos y todos ellos creen que será leve y que ha de durar, como mucho, un par de trimestres.
Sin embargo, el aguafiestas de Roubini dice que todo eso podrá amortiguar el golpe, pero no hará que evitemos el guantazo y que tal desacoplamiento no existe. "Va a haber una grave recesión en EE.UU., una desaceleración de los países emergentes y una fuerte caída del crecimiento en Europa", afirma. Para él, los lazos comerciales son importantes a la hora de transmitir choques desde EE.UU. hacia el resto del mundo, especialmente a los países que exportan (directa o indirectamente) grandes volúmenes de bienes a ese país. Si aceptamos que la economía es lo que mueve al mundo, el sector comercial es sumamente relevante. Las crisis también están globalizadas.
Además, Roubini piensa que los flujos de capital hacia las economías emergentes y en general a todo el globo se contraerán e, incluso, retrotraerán, lo que afectará el nivel de liquidez y, en última instancia, el consumo y el crecimiento en cada uno de estos países que empiezan a andar solos, basados en sus mercados internos.
El economista Pablo Secada piensa parecido, aunque no es tan pesimista. "Decir que la economía local está blindada o eso del desacoplamiento es una idiotez. La economía más grande del planeta se va de cara y tú dices que no te va a tocar... ¿Y tú de dónde eres? ¿Marciano?".
Para Secada hay dos factores de riesgo: el primero es que al ser un problema de consumo en EE.UU., los exportadores de bienes de consumo van a sentir fuerte la pegada: esto es, para el Perú, textiles y agroindustria. Lo otro es que China crezca 7% no es lo mismo que crezca 10%, así que debería haber una disminución de la demanda de commodities y, por lo tanto, una disminución de los ingresos fiscales a través del Impuesto a la Renta. Simple sentido común.
Respecto al tema financiero, Secada explica que "si hubiera una crisis complicada, un pánico, y empezara a salir plata del Perú, el nivel de reservas que hay es más que suficiente para aguantarlo y no necesitamos créditos externos para tapar huecos en el gasto, así que el lado financiero está cubierto".
SONRÍE PARA LA FOTO
Las cosas en EE.UU. no andan bien: arrastra un déficit fiscal inmenso que equivale al 6% de su PBI, que es el mayor del mundo, con US$13 trillones (un 13 con 12 ceros detrás) y que dadas las medidas anunciadas por el presidente George W. Bush, bien podría seguir creciendo. El reventón de la burbuja del sector inmobiliario en ese país, producto de la crisis de las hipotecas de alto riesgo, trajo como consecuencia una desaceleración del sector construcción y una dramática reducción de la inversión en viviendas (se contrajo 19% en el 2007, y en el primer trimestre de este año caería 30% más, según Morgan Stanley).
Todo ello terminó por generar una crisis de confianza generalizada: los bancos dejaron de otorgar créditos pese a las inyecciones de liquidez de la Reserva Federal (FED), que alcanzaron los US$23.000 millones en una semana de agosto del año pasado. Es decir, los bancos tenían liquidez, pero no querían arriesgarse a prestarla.
Todo ello, casi circunscrito de manera exclusiva al sector financiero de la economía, empezó a pasar a la economía real a través del endurecimiento del crédito, lo que terminó por afectar la capacidad de compra del consumidor. Y cuando al consumidor le impiden consumir, se asusta, pierde la confianza y restringe su disposición a gastar. EE.UU. consume el 80% de lo que produce.
Ahora, la caída en la demanda (evidenciada en las ventas de la última campaña navideña, que solo crecieron 7%), empezó a afectar al sector manufacturero que para el último trimestre del 2007 se contrajo en el índice principal de 50 a 47 puntos; el desempleo (todavía bajo para nuestros estándares) alcanzó el 5% por primera vez en una década, y los protestos por pagos no realizados han llegado a su pico en casi 20 años. En ese escenario, cabe preguntarse, evidentemente, ya no si eso es recesión (eso todos lo dicen), sino: ¿qué va a pasar cuando el gigante caiga enfermo, ya no de gripe, sino de neumonía, como predice Roubini?
En ese sentido, es prudente preguntarse si la crisis de confianza --producto con retroalimentación de la crisis inmobiliaria en EE.UU.-- también es contagiosa. La mayoría ya acepta que la economía estadounidense está en crisis, pero ponen reparos a la hora de predecir su impacto global.
Hay pesimistas, como Roubini y Stephen Roach, jefe de Morgan Stanley para Asia; pero también los hay optimistas, como nuestro ministro de Economía, Luis Carranza, quien dijo la semana pasada que, en términos simples, la economía del Perú va muy bien y la crisis en EE.UU. no nos impactará de manera importante porque, entre otras cosas, nuestra oferta de exportación se ha diversificado. Sin embargo, EE.UU. compra la cuarta parte de lo que vendemos en el exterior y aún es nuestro mayor socio comercial.
CONFIANZA, LA CLAVE
Guillermo Arbe, gerente de Estudios Económicos del Scotiabank, piensa que el problema serio podría producirse si se diera una crisis de confianza y la inversión dejara de fluir hacia el Perú. De hecho, una de las cosas que nos defiende de los choques externos es el nivel de liquidez mantenido, en buena medida, por la inversión externa. Arbe piensa que el nivel de liquidez importa poco cuando no hay confianza. Eso, ya lo vimos. Sin embargo, no piensa que la crisis nos vaya a afectar gran cosa.
El ex primer ministro Pedro Pablo Kuczynski cree, como la mayoría de banqueros de inversión, que "la cosa será leve" pero muy larga porque "el problema del 'subprime' (hipotecas) es muy grande, se calcula que el sector implica unos US$800.000 millones. Calculando que el 30% esté en problemas de no pago, estamos hablando del 6% del PBI de EE.UU."
PPK cree, sin embargo, que el impacto en la economía peruana será marginal: "Yo pienso que vamos a crecer 6,5% este año, claro que esto nos va a pegar pero no inmediatamente ni tanto", por las mismas razones sobre las que los banqueros apoyan sus argumentos.
En el frente financiero, coincide con Secada, quien dice que "la economía ha ido muy bien porque el mundo te ayudó un montón; bueno, ahora te va a ayudar menos, pero sería peor si estuviéramos en Ecuador, Bolivia o Venezuela".
Incluso el Fondo Monetario Internacional ha revisado a la baja sus perspectivas de crecimiento mundial, de 5,6% a 4,7%, casi un punto porcentual del PBI mundial, que asciende a unos US$50 trillones. Visto así, tomando en consideración que el PBI de EE.UU. es de US$13 trillones y que la segunda economía mundial, Japón, llega a US$4,5 trillones, parece un poco ilógico no preocuparse, al menos, un poquito. Después, las medidas desesperadas, como el recorte de 0,75% de la FED y entre reuniones, pueden ser interpretadas, como dice PPK, de manera perversa. "Con una medida así, la gente empieza a pensar que hay un gato encerrado grandazo", afirma.
Es decir, los actores económicos podrían pensar que el problema es mayor que lo que se quiere reconocer.
FUNDAMENTOS
El año pasado, a Roubini casi lo sacan en camisa de fuerza de Davos por pesimista. Este año los asistentes a la CADE mundial lo escucharon ensombrecidos, pero atentos: todavía no les gusta, pero saben que no dice tonterías.
El impacto podría ser moderado por los fundamentos macroeconómicos del Perú, bastante sólidos, incluso, entre los mercados emergentes; pero no hay razón para no prevenir y buscar que la confianza no disminuya y la inversión deje de fluir.
Por otro lado, cuando se cae un elefante, el piso tiembla. Todas las veces.