Por Fernando Vivas
Se está escribiendo una telenovela en nuestras narices. Tiene protagonistas de copete, libretistas sacados de los más rankeados bufetes de Lima y un plot que no tiene pierde: los millones de don Felipe Tudela y Barreda, de 92, son disputados entre su flamante esposa, doña Graciela de Losada Marrou, y sus hijos buenos para nada, y ojo que esto no lo digo yo, lo insinuó un reportaje de "Panorama" para el que no aceptaron ser entrevistados.
El dominical presentó, pues, el último capítulo del novelón, y vaya que parecía concebido por la defensa del matrimonio, el estudio Rodrigo, Elías y Medrano, del que, para abundar en interconexiones melodramáticas, forma parte la abogada Augusta Aljovín, hija de doña Graciela. Se entrevistó al chofer y la enfermera, los viejos tórtolos coquetearon ante una reportera, listaron los millonarios anticipos de herencia recibidos por el ex canciller Francisco Tudela y Juan Felipe (la única hermana, Tuti Tudela, se ha inhibido de salir a escena) y se dio a entender que los beneficiarios, sin oficio conocido, viven a expensas de ello.
Pancho, ponchado a cada rato en su baile del chino, había declarado en documentos oficiales que trabaja en el estudio de Enrique Ghersi. Y este, pillado por la reportera de "Panorama" al teléfono, dijo que Pancho solo era un buen cliente.
Los que nos hemos enganchado con la telenovela esperamos ahora el contraataque concebido por Ghersi, quien, desde que asumió la defensa de los Crousillat, es un experto en lides mediáticas.
Y no se vayan a ofender los aludidos porque los hagamos protagonistas de un folletín de la codicia. Ellos mismos han decidido publicitar sus maniobras legales robándole cámaras, para sus cuitas, a la agenda nacional: la entrevista arreglada que le costó el programa a Juan Carlos Tafur, el show de medianoche de Pancho queriendo entrar a la casa del padre, el lío del cuadro robado, el matrimonio religioso suspendido (habría habido un lobby ante el cardenal Cipriani), hábeas corpus para ver al veterano, hábeas corpus para que no lo frieguen. En pago a la atención birlada a las instituciones nacionales, debieran donar un anticipo para una buena causa.