ENTREVISTA. Astrid Hadad
Por Enrique Planas
En la mitología clásica: Venus, Minerva, Diana la cazadora. En la mitología urbana: María Félix, Lucha Reyes y, cómo no, Frida Kahlo. Más que de diosas, la mexicana con ascendencia libanesa Astrid Hadad, reina de la noche mexicana y de la performance, encarna una galería de mujeres muy reales como si fueran divinidades. En su espectáculo "Divas divinas", que la actriz presenta en Lima en el Satchmo de Miraflores, ella puede transformarse usando su característico e increíble vestuario para, desde el humor, hablar del valor de la mujer en la sociedad y sobre lo difícil que resulta para esta conseguir el éxito profesional y, además de ello, ser una mujer gozosa. Humor con discurso, risa con inteligencia y mucho maquillaje.
¿Qué necesita la mujer para convertirse en una de sus divas?
Primero, pues, ser muy fuerte y franca. Una de las cosas que digo con humor en mis espectáculos es que la mujer debe pelear por su placer, exigir lo que la vida no le va a dar per se.
¿Considera sus espectáculos feministas? Es una palabra ya tan vacía...
Se ha tergiversado tanto el término que luego, cuando una dice "soy feminista", te creen una fundamentalista. Yo me considero una "feminista gozosa", y por ello he sido atacada por otras feministas. Cuando, por ejemplo, digo: "Bueno, muchachas, si sus maridos las golpean por lo menos que se las cojan bien. Golpeadas y mal cogidas van a acabar muy deprimidas". Eso a las feministas las hace poner el grito en el cielo. No entienden el humor negro.
¿Es la ironía la fórmula para convertir el discurso político en humor?
Creo que sí. En eso estoy de acuerdo con el escritor Enrique Vila-Matas, quien habla de la ironía como un medio para distanciarse de las cosas, no tomarse demasiado en serio y disfrutar algo más de la vida. El humor es lo que a nosotros, los mexicanos, nos ha salvado de los políticos corruptos y cínicos. Sin él, seríamos un pueblo amargado, dado al azote.
Dice la frase: "Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos". Usted dice que Estados Unidos es su monstruo favorito...
Para mí es como un doctor Frankenstein, el que fabrica monstruos para después atacarlos. Lo hizo con Al Qaeda, lo hace con el narcotráfico, pues son los mayores consumidores y los que más golpes de pecho se dan. Y además porque es nuestro vecino y lo sufrimos. Aunque tengo también el espíritu crítico para decir que lo mismo que nos hace Estados Unidos a nosotros lo hacemos los mexicanos con los inmigrantes en la frontera sur. A mí se me parte el alma al ver lo que les estamos haciendo a los guatemaltecos, a los salvadoreños y a los hondureños. Es algo terrible lo que está pasando allá, peor que lo que nos puede hacer Estados Unidos.
Encarnar a personajes como Lucha Reyes o María Félix implica la lucha contra los estereotipos de la típica mujer sumisa. ¿Pero en estos últimos tiempos estas heroínas sufridas, dolorosas no se han convertido ellas también en una forma de estereotipo?
Aparentemente, las nuevas generaciones están en contra del estereotipo de la mujer sumisa. Desgraciadamente, al principio puede ser así, y se vuelven femme fatales, devora-hombres. Pero te digo: en cuanto tienen el primer hijo, se convierten en el estereotipo contra el que tanto han luchado. Como si tener un hijo fuera la clave para desatar todo lo que habían conseguido.
Artísticamente hablando, ¿cómo define México, barroco, surrealista?
Yo creo que México se puede captar en estos momentos desde la posmodernidad absoluta. Si hablamos de la posmodernidad como un reconstruir a partir del pasado. A pesar de que en muchos aspectos seguimos anclados en el pasado. Y eso se nota en los valores culturales que se promueven.
¿Recurre mucho a Frida Kahlo en búsqueda de imágenes para sus espectáculos?
No. Yo debo confesar algo. Traigo un número dedicado a Frida Kahlo, la pongo como una diosa porque así me salió. Pero yo nunca había usado a Frida Kahlo. Es más, detesto todo lo que tiene que ver con ella. El problema es que como yo trabajo con elementos e iconografía mexicanas, por fuerza debes llegar al corazón. Sin embargo, yo nunca usé a Frida para mis espectáculos. Todo lo que se escribe sobre mí en Estados Unidos me relaciona con ella. Afortunadamente, en Europa son más inteligentes (ríe).
¿Qué le parece la fridomanía?
Yo creo que se ha abusado muchísimo de ella. Se ha convertido en una marca de ropa, prácticamente. Y el mercado, que no perdona, la llevó a las alturas porque deja muchísimo dinero. Yo veo a Frida Kahlo como un fenómeno de márketing. No quiere decir que Frida no haya pintado cosas muy bien, pero se ha abusado bastante de ella.
En su espectáculo rinde homenaje también a Tin Tan, el genial Germán Valdez, hoy tan olvidado...
Lo que me fascina de Tin Tan era su libertad para llevar el absurdo hasta las últimas consecuencias. Era uno de los pocos artistas que --como hacía Cantinflas en un principio-- improvisaba en sus películas. Era un cantante fantástico y un bailarín maravilloso. Lástima que después se hundiera en una decadencia muy dolorosa.