PAÍS QUE SE DESANGRA
NAIROBI [El Comercio / Agencias]. Kenia se comprometió ayer a tomar acciones más severas para controlar la violencia postelectoral que amenaza con llevar al caos al país africano, que se halla en su momento más oscuro desde su independencia, ocurrida en 1963.
Las protestas sobre la cuestionada reelección del presidente Mwai Kibaki en los comicios de 27 de diciembre degeneraron en ciclos de asesinatos entre grupos étnicos rivales, y hay crecientes pruebas que revelan la existencia de bandas bien organizadas en ambas partes.
La máxima diplomática estadounidense para África instó a los rivales políticos a que llegaran a un acuerdo en el proceso de mediación liderado por el ex jefe de las Naciones Unidas Kofi Annan, y precisó que los actos de venganza por disputas étnicas habían ido demasiado lejos.
"Ha habido un esfuerzo organizado por expulsar a personas del valle de Rift, lo que es claramente una limpieza étnica", dijo la secretaria adjunta para Asuntos Africanos de Estados Unidos, Jendayi Frazer, quien advirtió que Estados Unidos estaba reevaluando su ayuda al país africano.
BAJAN EL TONO
Sin embargo, poco después, el Departamento de Estado norteamericano evitó utilizar ese calificativo y sugirió que una revisión de la ayuda de Washington a Nairobi no supondría recortes.
"Si no es una crisis, claramente esta situación es muy seria. Hay ejemplos de gente forzada desde ciertas áreas por determinados grupos y eso es una fuente de preocupación para nosotros, lo seguimos muy de cerca", dijo el portavoz del Departamento de Estado, Sean McCormack.
La mayoría de los muertos fue registrada luego de ataques que primero tenían como blanco al grupo étnico Kiyuku, del presidente Kibaki, cuyos miembros ahora están tomando venganza contra grupos a favor de la oposición.
La policía también mató a cerca de cien manifestantes que respaldaban al líder de oposición Raila Odinga.
El ministro de Seguridad Interior de Kenia, George Saitoti, afirmó que la policía no toleraría más violencia y que se aseguraría de que las carreteras y caminos del país permanecieran operativos.
"Esta vez hemos decidido actuar con severidad. No vamos a permitir que criminales y saqueadores merodeen", aseveró.
Esta tensión no pudo disiparse porque el Gobierno y la oposición de Kenia no se vieron ayer las caras para reanudar las negociaciones. Es probable que lo hagan hoy.