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LA COLUMNA DEL DOCTOR

Cuidado con el culto al cuerpo

Por Alberto Tejada. Urólogo

No cabe duda de que vivimos la cultura de vernos mejor y más atléticos. Si bien es cierto el fisicoculturismo es una aspiración de los hombres asociada a la masculinidad. Desafortunadamente, en muchos casos, los varones ingieren sustancias o medicamentos sin asesoramiento médico o indicadas por personas no capacitadas, desconociendo que están dañando su salud y que no solamente con el exceso en el consumo de vitaminas y aminoácidos se presentan problemas, sino también con el uso de anabólicos y hormonas masculinas.

Es frecuente ver a varones que se inyectan productos como testosterona intramuscular, la cual, efectivamente, hace que uno gane masa muscular y además produce un incremento del deseo sexual producto de la inundación exagerada de esta hormona. Pero al mismo tiempo bloquea todos los circuitos de carácter hormonal y fisiológico, ocasionando que estos varones lleguen a la esterilidad, a la ausencia de espermatozoides en el eyaculado e incluso, cuando se usa de forma prolongada, puede llegar a alterar el propio tamaño de los testículos. Es una situación bastante delicada, porque muchas veces después de haber hecho uso de estos medicamentos sin control quieren tener hijos y no pueden.

Los anabólicos y la testosterona se venden clandestinamente o sin receta médica en gimnasios, por recomendaciones de amigos o de los instructores, de tal forma que constituyen en un verdadero peligro sin la información adecuada, porque los usuarios no saben que están poniendo en riesgo la salud del corazón, del hígado y su futuro reproductivo.

Una persona que quiere ser atleta primero tiene que someterse a un examen médico, luego hacer ejercicios, ir al gimnasio, trabajar fuertemente y tomar suplementos nutricionales, vitaminas y proteínas con supervisión de un especialista. Esta será la fórmula para que logre sus objetivos, pero todo lo que signifique suministrarse hormonas lo pondría bajo la reflexión de saber si ese hecho es verdaderamente patrocinar salud. Si usted genera un cuerpo musculoso pero no saludable, estamos promocionando una cultura física sin ningún sentido.

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