RESERVA IBA A SER IRRIGADA CON AGUA TRATADA DE LA PLANTA DE SAN BARTOLO
Disputas judiciales impiden planificar uso de pampas en el sur de la capital. Sedapal promueve otros proyectos para reusar el agua servida tratada
Por Fabiola Torres López
Al este de la carretera Panamericana Sur, entre los kilómetros 37 y 50, se encuentran las que podrían ser las pampas más codiciadas de Lima. En 8.000 hectáreas de estas tierras, el Estado proyectó crear alguna vez un gran pulmón verde para una capital en expansión. Pero el futuro de este desierto, ignorado por muchos en su camino a los balnearios, se debate en una telaraña de litigios por su propiedad.
En trescientas hectáreas de las llamadas pampas de San Bartolo, que en realidad abarcan los distritos de Lurín, Punta Hermosa, San Bartolo y Punta Negra, Sedapal hizo la planta de tratamiento de los desagües del cono sur de Lima. A inicios del nuevo milenio y casi al final del gobierno fujimorista, el proyecto considerado factible era aprovechar el agua tratada en un parque de 1.000 hectáreas que no solo le diera respiro a una ciudad asfixiada por el cemento, sino un espacio turístico y de recreación pública.
Tras superar una década de marchas y contramarchas, la planta empezó a funcionar desde hace seis semanas; sin embargo, el agua tratada no irriga el soñado pulmón verde. "Temporalmente, está siendo descargada en el río Lurín, pero estamos promoviendo por etapas su uso sanitario", sostiene Guillermo León, presidente de Sedapal.
Los planes que actualmente promueve Sedapal son la dotación de agua tratada a los agricultores del trapecio de Lurín, irrigación de las bermas de la Panamericana Sur (un proyecto de la Mancomunidad de los Distritos Balnearios de Lima Sur y la Municipalidad de Lima) y hacer convenios con empresas que requieran irrigar sus tierras de cultivo de plantas de tallo largo con fines de exportación.
AHOGADO POR LOS LITIGIOS
El proyecto del parque ecológico, plasmado en un estudio de doce volúmenes hecho por treinta especialistas dirigidos por el ingeniero Edgardo Quintanilla, ha sido víctima de los vaivenes causados por reformas institucionales y por las prioridades de los gobiernos de turno.
Con la desaparición del Ministerio de la Presidencia en el 2001, Sedapal fue adscrito al Ministerio de Vivienda y se eliminó la política de combinar actividades de descontaminación de las aguas servidas con el desarrollo agropecuario.
Pero quizá ese no sería el mayor obstáculo que el parque ecológico enfrentaría, pues las tierras donde se planificó hacer esta reserva verde presentan una superposición registral que impide definir su uso. La historia se remonta más de tres décadas y se resume en el abultado expediente N° 89873 que se encuentra en la Superintendencia de Bienes Nacionales (SBN).
En 1972, el Estado adquirió el dominio del terreno de 44.066 hectáreas comprendido entre el kilómetro 45 de la Panamericana Sur (hoy la carretera antigua) y la bifurcación de la carretera a Pucusana. Su uso era para entrenamientos militares de las Fuerzas Armadas. En 1996, se declaró la intangibilidad de una porción de 8.000 hectáreas para el proyecto de reuso de las aguas servidas del cono sur de Lima.
Dos años más tarde, en 1998, se declaró de necesidad pública el desarrollo de dicho proyecto, pero solo en 1.371,70 hectáreas. Si bien las tierras están registradas a favor del Estado en la ficha N° 86079 del Registro de Predios de Lima desde los años setenta, aparecen también en registros a nombre de la Comunidad Campesina de Cucuya y de diversos particulares.
El alcalde de San Bartolo, Jorge Barthelmess, quien también preside la Mancomunidad de los Distritos Balnearios de Lima Sur, nos muestra un plano de 1956 que vendría a ser el precedente más antiguo. "El gobierno de Manuel Odría adjudicó a la Municipalidad de San Bartolo una serie de terrenos (dentro de las 8.000 hectáreas mencionadas) con fines de construcción de viviendas o para que sean irrigados. Para ello, facultó al concejo a vender las tierras a particulares a través de una subasta pública", relata.
En 1955 se transfirieron los terrenos a cuatro grupos (una compañía inmobiliaria y tres familias) y --tras varias sucesiones-- quedaron a nombre de Montagne y Compañía Agrícola San Bartolo Sociedad Civil, y la familia Galjuf.
Por ello, quienes compraron dichos terrenos o los heredaron acusan al Estado en juicios y procesos arbitrales de afectar sus propiedades. De hecho, parte del área donde se ubica la planta de tratamiento de San Bartolo que administra Sedapal es reclamada judicialmente por la comunidad de Cucuya.
Lo peor es que, además de los problemas de superposición registral y los intereses con miras al crecimiento de la capital hacia el sur, hoy también existen en dichas tierras poseedores precarios que pretenden aprovechar el caos para apropiarse de ellas.
En el 2004, la Superintendencia de Bienes Nacionales encargó a la Procuraduría del Ministerio de Vivienda la defensa de los intereses del Estado en relación al terreno de 8.000 hectáreas. Sin embargo, ello no significa que se lleve a cabo el proyecto del parque. El presidente de Sedapal, Guillermo León, afirma que la propuesta no es prioridad ni está dentro de las responsabilidades de Sedapal. Aunque precisa que la empresa arborizará 200 hectáreas, que comprenden el área de amortiguamiento ambiental de la planta de San Bartolo.
Todos estos litigios vigentes impiden planificar el uso del suelo en las llamadas pampas de una Lima que requiere habilitar más de 5.000 hectáreas verdes para alcanzar los estándares ambientales mínimos recomendados por la Organización Mundial de la Salud.
De acuerdo con estudios del Grupo de Emprendimientos Ambientales (GEA), Lima ya ha perdido 10.000 hectáreas de suelo agrícola, es decir, el 75% de la superficie del campo limeño. Si dejamos que la expansión urbana sin planificación y la especulación sobre el uso del suelo se impongan, el futuro de la ciudad será un escenario ambiental insostenible.
EN PUNTOS
Compromisos que deben cumplirse
El Pacto por Lima y Callao Verdes suscrito en enero del 2007 por la Municipalidad de Lima y el Ministerio de Vivienda tiene siete compromisos que no deben perderse de vista. Estos son algunos de ellos:
4Promover una Lima y Callao sanos y verdes, reconociendo los servicios ambientales de sus tres cuencas para dotar de aire y agua limpia y segura a sus ciudadanos.
4Impulsar la protección, conservación y ampliación de las áreas verdes de la ciudad, a través de un sistema metropolitano de áreas verdes que integrará los valles agrícolas, las lomas, los humedales y los parques y jardines.
4Promover políticas urbano-ambientales en consenso, y conducir las acciones institucionales a través del Sistema Metropolitano de Gestión Ambiental, fortaleciendo los procesos de gestión ambiental municipal.
DEL CONSULTOR
ANNA ZUCCHETTI. Directora ejecutiva del Grupo de Emprendimientos Ambientales (GEA)
San Bartolo verde: un sueño para Lima
El sueño de 8.000 hectáreas de las pampas de San Bartolo verdes habría generado una nueva economía urbano-rural vinculada al valle de Lurín y a la vocación recreacional de los balnearios . Habría puesto a Lima en el mapa de las grandes ciudades modernas que reciclan sus residuos y efluentes para contribuir a la mejora del ambiente urbano.
Pero el sueño se esfumó cuando las extendidas pampas para usos de interés público se desvanecieron y se convirtieron en unos cuantos lotes privados --con pretensión de uso urbano residencial-- gracias a la corrupta gestión del Cofopri de Fujimori. A pesar del actual enredo legal entre Sedapal y los nuevos dueños de las pampas, el sueño de un pulmón verde de por lo menos 1.000 hectáreas puede mantenerse si La Municipalidad de Lima, junto con el Ministerio de Vivienda y los burgomaestres de los balnearios, define el uso agropecuario y forestal de este borde urbano (actualmente sin uso definido). Entonces, solo queda resistir a las presiones de aquellas inmobiliarias que consideran la ciudad como su parcela y empezar a trabajar por el futuro de una nueva Lima.