Por Noam Chomsky. Lingüista
Noam Chomsky es profesor de lingüística en el Instituto de Tecnología de Massachusetts en Cambridge.
© Noam Chomsky
Distribuido por The New York Times Syndicate
Exclusivo para el diario El Comercio en el Perú
El ejército de ocupación de Estados Unidos en Iraq (eufemísticamente llamado la fuerza multinacional en Iraq), lleva a cabo extensos estudios de actitudes populares. Su informe de diciembre del 2007 sobre un estudio de grupos focalizados mostró un optimismo desacostumbrado.
El informe concluyó que la encuesta "provee una evidencia muy fuerte" para rechazar el familiar punto de vista de que la "reconciliación nacional no es anticipable ni posible". Por el contrario, la encuesta descubrió una sensación optimista que impregnaba a todos los grupos focalizados. Además había "más coincidencias que diferencias entre los aparentemente diversos grupos de iraquíes".
Este descubrimiento de "creencias compartidas" entre los iraquíes de todo el país es "una buena noticia, según el análisis militar de los resultados" informa Karen de Young en "The Washington Post". Las creencias compartidas fueron identificadas en el informe. Para citar a De Young, los "iraquíes de todos los grupos sectarios y étnicos creen que la invasión militar de Estados Unidos es la raíz primaria de las violentas diferencias entre ellos, y ven la partida de las 'fuerzas de ocupación' como la clave para la reconciliación nacional".
Entonces, según los iraquíes, hay una esperanza de reconciliación nacional si los invasores, responsables por la violencia interna, se retiran y dejan Iraq para los iraquíes.
El informe no mencionó otras buenas noticias: los iraquíes parecen aceptar los más altos valores de los estadounidenses, tal como se establecieron en el Tribunal de Nuremberg específicamente, que la agresión, la "invasión por sus fuerzas armadas" por parte de un estado "en el territorio de otro estado" es "el crimen internacional supremo diferenciándose de otros crímenes de guerra solamente en que contiene de manera interna el mal acumulado de la totalidad".
El jefe de la fiscalía en Nuremberg, el juez de la Corte Suprema Robert Jackson, insistió en que el tribunal sería una simple farsa si no aplicábamos esos principios a nosotros mismos.
A diferencia de los iraquíes, Estados Unidos, por cierto generalmente Occidente, rechaza los elevados valores profesados en Nuremberg, una interesante indicación de la substancia del famoso "choque de las civilizaciones".
Otras buenas noticias fueron ofrecidas por el general David Petraeus y el embajador a Iraq Ryan Crocker durante su vistosa presentación el 11 de setiembre del 2007. Solamente un cínico podría imaginar que la presentación fue preparada para reforzar las afirmaciones de George W. Bush y Dick Cheney sobre lazos entre Saddam Hussein y Osama Bin Laden, de tal modo que al cometer el "crimen supremo internacional" ellos estaban defendiendo al mundo contra el terror que se incrementó en un 700% como un resultado de la invasión, según el análisis del año pasado de los especialistas en terrorismo Peter Bergen y Paul Cruickshank.
Petraeus y Crocker proveyeron cifras para mostrar que el gobierno iraquí estaba acelerando enormemente los gastos en la reconstrucción. Esas fueron, por cierto, buenas noticias, hasta que fueron investigadas por la Oficina de Responsabilidad del Gobierno, una agencia independiente que trabaja para el Congreso de Estados Unidos. La agencia descubrió que la verdadera cifra era una sexta parte de lo informado por Petraeus y Crocker, una declinación de un 50% respecto al año precedente.
Más buenas noticias son las de la declinación de la violencia sectaria, atribuible en parte al éxito de la limpieza étnica asesina de la que los iraquíes culpan a la invasión. Al acrecentarse la cantidad de homicidios por motivos étnicos, van quedando menos personas por asesinar. Pero también es atribuible a la decisión de Washington de apoyar a los grupos tribales que había organizado para desmantelar a Al Qaeda en Iraq, y al incremento de las tropas de Estados Unidos.
Es posible que la estrategia de Petraeus pueda aproximarse al éxito de los rusos en Chechenia, donde la pelea es ahora "limitada y esporádica, y Grozny está en el medio de un auge de la construcción", después de ser reducida a escombros por los ataques rusos, según informó C.J. Chivers en "The New York Times" de setiembre pasado.
Tal vez algún día también Bagdad y Faluja disfrutarán de la "electricidad restaurada en muchos vecindarios, la apertura de nuevos negocios, y la repavimentación de las principales calles de la ciudad" como en la próspera Grozny. Posible, pero dudoso, considerando las posibles consecuencias de crear ejércitos de caudillos que pueden ser las semillas de una violencia sectaria incluso más grande, agregando al "mal acumulado" de la agresión.
Los iraquíes no son los únicos en creer que es posible una reconciliación nacional. Una encuesta realizada por canadienses descubrió que los afganos tienen esperanzas en el futuro y favorecen la presencia de canadienses y otras tropas extranjeras... la "buena noticia" que se convirtió en titulares.
Pero, cuando se va a la letra pequeña, la cosa cambia. Solamente el 20% "piensa que el talibán prevalecerá una vez que se vayan las tropas extranjeras". Tres cuartas partes apoyan negociaciones entre el gobierno respaldado por Estados Unidos de Karzai y los talibanes, y solamente la mitad está a favor de un gobierno de coalición. La gran mayoría, por consiguiente, está fuertemente en desacuerdo con la posición estadounidense-canadiense, y cree que la paz es posible si se apela a medios pacíficos. Aunque la pregunta no se hizo en la encuesta, parece razonable suponer que se está a favor de la presencia extranjera para la ayuda y la reconstrucción.
Hay, por supuesto, numerosas cuestiones con relación a las encuestas en los países que están bajo la ocupación militar extranjera, particularmente en lugares como el sur de Afganistán. Pero los resultados de los estudios de Iraq y Afganistán coinciden con otros previos, y no deben ser descartados.
Encuestas recientes en Pakistán también proveen de "buenas noticias" para Washington.
Un 5% está a favor de permitir a Estados Unidos o a otras tropas extranjeras que entren en Pakistán para "perseguir o capturar a los combatientes de Al Qaeda". Un 9% está a favor de permitir a las fuerzas de Estados Unidos "perseguir o capturar a los insurgentes de la milicia talibán que han cruzado la frontera desde Afganistán".
Casi la mitad está a favor de permitir a Pakistán que haga eso. Y solamente un poco más del 80% considera que la presencia militar de Estados Unidos en Asia y en Afganistán es una amenaza para Pakistán, mientras que una abrumadora mayoría cree que Estados Unidos está tratando de dañar al mundo islámico.
La buena noticia es que estos resultados constituyen una mejora considerable sobre octubre del 2001, cuando una encuesta en el semanario "Newsweek" determinó que "83% de los paquistaníes entrevistados dicen que apoyan al Talibán, y apenas un 3% expresa apoyo a Estados Unidos". Por otra parte, más del 80% describió a Osama Bin Laden como un guerrillero y apenas un 6% como un terrorista.
En medio del flujo de buenas noticias de toda la región, hay ahora un debate muy serio entre los candidatos políticos, los funcionarios del gobierno y los comentaristas con relación a las opciones disponibles para Estados Unidos en Iraq. Una voz está ausente: la de los iraquíes. Sus "creencias comunes" son bien conocidas, como en el pasado. Pero a ellos no se les puede permitir que elijan su propio sendero más de lo que se les permite a los niños pequeños. Solamente los conquistadores tienen ese derecho.
Tal vez también hay aquí algunas lecciones sobre el "choque de civilizaciones".