Diez narcos mexicanos, ocho detenidos y dos prófugos, así como algunas operaciones de exportación para sacar droga entre los años 2002 y 2007 proceden del estado de Jalisco
Por Óscar Castilla C.
Luego de sortear infatigables vuelos y mil peripecias por tierra, arribó a la turbulenta ciudad de Tijuana (Baja California) a fines del 2002. Apenas tuvo tiempo para relajarse por las calles de la turística avenida Revolución cuando decidió viajar a Guadalajara, para cumplir con una reunión impostergable. Así, tras llegar a la cosmopolita capital de Jalisco, finalizó la primera parte de una travesía que inició en Lima, continúo en Washington y acabó en el fronterizo estado de Arizona, por donde se coló como ilegal en territorio mexicano debido a los problemas que tenía pendientes con la justicia de este país.
Ya en Guadalajara, Roque --un ingeniero y ex miembro de la Fuerza Aérea del Perú (FAP)-- concretó su cita con un grupo de mexicanos que se hacían llamar 'Los Güeros' y que estaban interesados en los negocios que se pudieran realizar en Lima. El peruano, conocedor de la idiosincrasia de sus interlocutores y veterano en estas lides, bromeó con ellos, les hizo algunas propuestas y los escuchó atentamente. Mucho más cuando le hablaron sobre las acciones de uno de sus hombres en nuestra capital.
Roque, que tenía ciertos contactos en el entorno mafioso de Guadalajara y que entonces era vigilado por la Drug Enforcement Administration (DEA), sabía de qué hombre hablaban los mexicanos ya que él lo había conocido en una prisión de dicho país. Allí, donde el peruano se había convertido en el cocinero preferido del penal, se hicieron amigos. Sin embargo, el tiempo transcurrió y sus caminos se separaron cuando ambos cumplieron sus respectivas condenas. Años después, a principios del 2003, se reencontraron fuera de prisión, en Lima.
Por aquel entonces el mexicano coordinaba un importante cargamento de cocaína desde nuestro país y el peruano realizaba algunos "negocios" por su cuenta. La reunión fue emotiva. Luego de los abrazos de rigor, el recién llegado le confesó lo que hacía en la capital. Roque le habló de su viaje a Guadalajara y prometió ayudarlo. Así acabó la cita. Hasta donde se supo en ese entonces, aquel extranjero --gordo, bajito y de bigote-- era oriundo de Michoacán (en la costa de México) y ya conocía el Perú. Roque le decía 'Gateado', pero también lo llamaban Luis Rivera o Manuel Coronel. Sin embargo, su verdadero nombre, o el que más usaba, era Manuel Rivera Niebla, 'El Charro'.
AVALANCHA DE MEXICANOS
Ramón Guerra Gonzales, ahora recluido en el penal Castro Castro, había vivido y crecido en la calle Cedro 455, municipio Autlán de Navarro (Jalisco, a dos horas de Guadalajara), hasta que abandonó su hogar para trasladarse al Perú. Aquella fue su peor decisión, pues en junio del 2007 cayó detenido en una operación histórica en la lucha contra el narcotráfico al desmantelarse un laboratorio de droga sintética en el país. Los agentes antidrogas al verlo lo apodaron 'Chibolo mexicano', entonces tenía 23 años. La suerte de Guerra Gonzales, detenido con insumos químicos para producir metanfetaminas, fue la misma que corrieron muchos de sus compatriotas que ahora ocupan diferentes celdas en los penales en la capital. Mexicanos que solo son superados en número por los colombianos y bolivianos presos por narcotráfico.
El Comercio, luego de revisar estadísticas del Instituto Nacional Penitenciario (INPE), atestados de la Dirección Antidrogas de la Policía Nacional (Dirandro) y expedientes judiciales, determinó que el 2002 fue clave en la migración de las mafias aztecas al Perú. Las cifras dicen que antes de aquel año solo había diez mexicanos en prisión, todos detenidos como simples burriers. Siete años después ya habían 65 reclusos de dicha nacionalidad, aumento que coincidió con el incremento de la producción de hoja de coca, de cocaína y de la violencia asociada al narcotráfico en la capital. De esta última cantidad, cabe revelar, 24 cayeron mientras coordinaban el envío de grandes cargamentos de cocaína (entre seis toneladas y 200 kilos) o se dedicaban a la producción de droga sintética, según la Dirandro. Cifra exigua si tenemos en cuenta que otros 21 escaparon a tiempo y ahora son procesados en calidad de prófugos en juzgados penales de Lima, Callao, Piura y Arequipa.
Este Diario consiguió a través de inteligencia policial los nombres de los mexicanos antes mencionados --24 reos en cárcel y 21 no habidos--, listado que también está en manos de la Procuraduría General de México (PGR), y cruzó dicha información con las fichas que se tiene de ellos en el registro electoral de este país. Esto con la finalidad de identificarlos plenamente y conocer su lugar de procedencia. Igualmente, se verificó el origen y destino exacto de las transacciones financieras que efectuaron estos personajes durante aquellos años y entre ambos países.
Lo mismo se hizo en cuanto a las operaciones que realizaron los mexicanos para camuflar la droga entre productos de exportación legal y poder sacarla del Perú o cuando utilizaban embarcaciones pesqueras para el mismo fin. Todos los indicios de ilegalidad terminaron apuntando a dos puertos costeros de México, Manzanillo (Colima) y Mazatlán (Sinaloa), y a la segunda ciudad más importante del país, Guadalajara (Jalisco), como plazas estratégicas en la sólida relación de las mafias aztecas y sus proveedores peruanos en la cuenca del Alto Huallaga y en el valle de los ríos Apurímac y Ene (VRAE).
HIJOS DE GUADALAJARA
Ocho de los 24 mexicanos recluidos actualmente en nuestro país por macrocomercialización de droga, según las pesquisas antes citadas, son originarios de Guadalajara y de municipios cercanos a esta ciudad. Ellos son: Ramón Guerra Gonzales, Antonio Ávalos Valencia, Jesús Sotelo Vallejos y Juan Zazueta Contreras (capturados por producir metanfetaminas el 2007), Roberto Martínez Mattos, Nieves Montenegro Núñez y Rodolfo Cárdenas Cabrera (intervenidos por traficar con 875 kilos de cocaína el 2005) y Miguel López Pillado (que iba a sacar del Perú 200 kilos de esta droga el 2004).
Una mención aparte merece la historia de Rivera Niebla 'El Charro', cuyo caso fue analizado por la DEA en el 2003 y la PGR en el 2007, luego de que la Policía Antidrogas le incautara más de una tonelada de cocaína en Chimbote hace cinco años. Este narcotraficante, que cometió el error de confesarle sus quehaceres ilícitos al personaje conocido como Roque (que también colaboraba con la Dirandro), terminó escapando del país.
Tres años después, el 5 de octubre del 2006, fue detenido por la Policía Judicial de Colombia (Dijin) en el aeropuerto de Cali, mientras intentaba viajar a su país. De esta forma concluyó su periplo por diversos países de la región (Ecuador, Panamá y Perú) y fue recluido en la prisión de máxima seguridad de Combita. Sin embargo, no permaneció mucho tiempo en este país ya que la primera semana del 2008 fue extraditado a Estados Unidos a pedido de la Corte Superior de Columbia por sus operaciones ilícitas en Lima y por ser considerado el coordinador enviado por una organización asentada en Guadalajara para encontrar abastecedores de droga en el Perú.
La historia del mexicano Rivera Niebla refleja, según los agentes antidrogas que lo investigaron, el alto nivel de los coordinadores que llegaron y siguen arribando al Perú por orden de las mafias mexicanas, así como la importancia de Guadalajara como punto de partida de los narcotraficantes de dicho país. Fuentes de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (Siedo) confirmaron esto último a El Comercio --que el año pasado estuvo en la zona-- cuando ubicaron a la populosa capital de Jalisco y a otras ciudades dentro del llamado corredor de la droga del Pacífico, que comprende los estados costeros de México (desde Guerrero en el sur hasta Sonora en el norte), y en donde operan células del llamado Cartel de Sinaloa.
NO SOLO 'EL CHARRO'
El mexicano Javier Saad Garza se hizo conocido en nuestro país luego de que un cargamento con seis toneladas de alcaloide de cocaína fuera descubierto accidentalmente antes de que saliera de Ilo con destino al puerto de Manzanillo (Colima). Cuando esto ocurrió, en enero del 2002, el narcotraficante también procedente de Guadalajara ya estaba en Ecuador. Sin embargo, la fortuna no le duró mucho. Un año después cayó detenido en Guayaquil por agentes antinarcóticos del vecino país mientras coordinaba la compra de un importante cargamento de cocaína en el Perú. Entonces Saad Garza parecía tener dinero de sobra ya que en aquella intervención le incautaron un auto Peugeot con la friolera suma de dos millones de dólares dentro de la maletera.
Según la Dirandro, estos no son los únicos casos de vínculos con mafias de Guadalajara, ya que en mayo del 2004 y enero del 2005, en un almacén de la compañía
Swissport GBH Perú en el Callao, se encontraron dos cargamentos de cocaína (de 159 y 103 kilos, respectivamente) que debían llegar por vía marítima y como una operación de exportación legal a dos empresas de esa ciudad.
En la lista de 24 mexicanos detenidos por macrocomercialización de droga también hay originarios de otras ciudades como Acapulco (Guerrero), Lázaro Cárdenas (Michoacán) y Culiacán (Sinaloa), según las fichas de identidad en el registro electoral de su país. Curiosamente, estos narcotraficantes proceden de estados que también se encuentran ubicados en el citado corredor del Pacífico de México.
Ante la presencia de tantos indicios que vinculan al tráfico de drogas en el Perú con la ciudad de Guadalajara, este Diario consultó con agentes de la Dirección de Inteligencia de la Policía (Dirin) y de Dirandro para saber sus impresiones. Los oficiales de estas unidades, que han investigado a narcotraficantes mexicanos en los últimos cinco años, coincidieron en afirmar que en el 2008 se espera un mayor ingreso de delincuentes de esta nacionalidad, teniendo en cuenta además que el 2007 la Dirandro solo incautó siete toneladas de cocaína en el país, según sus propias estadísticas. Es más, ellos se quejaron de no tener ningún canal de comunicación con sus pares de México para analizar lo que ocurre con las mafias de Guadalajara. "Lo más cerca que estuvimos de ellos fue el año pasado, cuando llegó a Lima (José Luis) Santiago Vasconcelos, (subprocurador de asuntos jurídicos e internacionales de la PGR), luego nada", dijo un efectivo antidrogas que guardó el anonimato.
EMPRESARIOS CAPTADOS
Rolando Velasco Heysen era conocido en su tierra natal como el presidente de una organización a la que denominó Cámara de Comercio de Piura, vinculada a la defensa y promoción de la exportación de productos hidrobiológicos. Esta faceta, la del empresario carismático y emprendedor, era la que mostraba ante la prensa y la sociedad de Piura. Sin embargo, no era la única que tenía. 'Rolo', como lo bautizó la Dirandro, en los dos últimos años era constantemente asediado por narcos peruanos y colombianos que buscaban convertirlo en el dueño de una empresa de fachada que les sirva para exportar cocaína a puertos de México.
La Dirandro, así como la DEA, sabían esto y antes de que Velasco Heysen cediera a la tentación lo trataron de convertir en un agente encubierto, pero esto no funcionó debido a que ambas instituciones dejaron de tener contacto con el empresario a fines del 2006 por motivos que se desconocen. Un año después, en octubre del 2007, la Policía Antidrogas decomisó un cargamento de 850 kilos de cocaína proveniente del valle de los ríos Apurímac y el Ene (VRAE) que debía salir de Piura con destino a puertos mexicanos. Cuando la Dirandro estableció quiénes estaban involucrados notó un nombre conocido: Rolando Velasco Heysen. A pesar de los nexos que establecieron en algún momento no quedaba otra a la Policía Antidrogas: lo arrestaron por cruzar la línea y pasarse al bando contrario.
Otro personaje que estaría vinculado con mafias mexicanas es el empresario de Iquitos Lester Medina Pastor (42), quien a través de Forestal Export HS, SRL envía importantes cargamentos de madera a Guadalajara y a otras ciudades de México, así como a Estados Unidos. Precisamente, el 15 de enero Medina Pastor fue detenido en el aeropuerto Jorge Chávez mientras trataba de abandonar el país. Cinco días atrás uno de sus cargamentos de madera, donde se habían camuflado 180 kilos de cocaína, llegó a Rotterdam y fue intervenido por la policía holandesa.
Estos dos casos, referidos a hombres de negocios conocidos en Piura e Iquitos y vinculados a mafias mexicanas vienen multiplicándose en los últimos años y en diferentes rubros de la actividad comercial. El 2006, por ejemplo, cayó detenido el empresario pesquero José Castillo Segura, luego de que se detectara que una embarcación de su propiedad, la 'Linda Rocío', trasladaba un importante cargamento de cocaína con destino a las costas de México.
Sin embargo, la Dirandro no siempre logra evitar la salida de la droga. En octubre del 2005, según información de la Procuraduría General de México (PGR), las autoridades de este país incautaron en el puerto de Manzanillo (Colima), nada más y nada menos que 1.300 kilos de cocaína de alta pureza camuflados dentro de un embarque de 1.175 cajas de ají seco. Dicho producto llegó procedente del Callao y fue embarcado por una conocida empresa limeña que exporta cafe, páprika, achiote y otros granos. La droga, según la PGR, iba a ser retirada del recinto portuario y llevada a Guadalajara. Una ciudad que solo resuena en nuestro país por el cantar de los mariachis y no por la compra del polvo blanco que se negocia en sus calles.
SEPA MÁS
4En los años 80 existió el llamado cártel de Guadalajara que estaba liderado por Miguel Ángel Félix Gallardo, actualmente detenido.
4Sin embargo, esta organización ya no existe. Solo hay células de narcos que operan en Guadalajara bajo el mando del llamado cártel de Sinaloa.
4La Dirandro desde hace años utiliza equivocadamente el término cártel de Guadalajara.