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Crónica RAÍCES ORIENTALES

Un pequeño rincón de vida

Dos lambayecanos descendientes de chinos son ahora los orgullosos poseedores del bosque norteño más pequeño gracias a sus conocimientos en la técnica del bonsái

Por Wilfredo Sandoval Bayona

Gustavo Risco y José Lorrén son dos amigos y compadres lambayecanos que forman parte de la cuarta generación de descendientes chinos que llegaron a las candentes tierras del norte. Dichas raíces comunes se fortalecieron aun más gracias al cultivo de árboles en miniatura, que cuidan como si se tratase de sus hijos.

Gustavo y José son cultores de la técnica bonsái, mediante la cual han logrado reproducir en miniatura diversas especies forestales del bosque seco, principalmente, algarrobo y faique, además de otras variedades de árboles que solo pueden apreciarse en su real magnitud al visitar la franja costera de nuestro país.

Dentro de la casa de Gustavo Risco, en la urbanización Santa Victoria, uno puede sentirse un gigante en medio de unas 450 plantas, de aproximadamente cuarenta especies, que dan vida a un bosque que ocupa unos cuantos metros cuadrados.

Al mostrarnos sus mejores ejemplares, Risco, ingeniero zootecnista de profesión, recordó que la afición por cultivar la técnica del bonsái la heredó de sus ancestros, cuyas viviendas siempre estuvieron llenas de plantas ornamentales.

Cuando cumplió 9 años, le enseñaron unas fotografías con la imagen de la planta de un manzano en bonsái. Sin embargo, transcurrieron algunos años, hasta que durante la vida universitaria logró preparar los primeros bonsái. Para ello se apoyó en algunos folletos que logró conseguir aquí, además de bibliografía que le fue enviada desde Argentina gracias a unos amigos.

EL SECRETO
Gustavo esbozó una sonrisa cuando le preguntamos cuál es el secreto de su exitosa reproducción de especies del bosque seco. Explicó que se trata de una adaptación de la técnica bonsái, a la que hay que añadirle una gran dosis de paciencia, arte, ingenio, amor y mucha dedicación para evitar que los años de avances se vean afectados por un descuido o maltrato a las plantas.

"Cumpliré 23 años cultivando la técnica y lo haré hasta que Dios lo permita", comentó Gustavo mientras su gran amigo José Lorrén nos explica que la clave es tratar cuidadosamente la raíz, que debe estar sentada en tierra debidamente tratada para evitar que la planta se seque.

Otro de los secretos para que los ejemplares se conserven hermosos consiste en regarlos diariamente, especialmente cuando no hay mucha luz ni calor. El cultivo de las plantas --explicaron ellos-- se hace por afición, para sentirse uno bien física y mentalmente y con el propósito de contribuir a que otros chiclayanos se identifiquen con las grandes maravillas que posee la región.

HIJOS DE ANCESTROS
Avanzamos en medio del vivero hasta que Gustavo nos muestra dos verdaderas joyas: dos algarrobos miniatura que descienden de ejemplares muy antiguos: uno ubicado en el complejo Huaca Rajada Sipán y el otro cerca del 'árbol milenario', en el corazón del Santuario Histórico Bosque de Pomac.

A modo de descripción, Gustavo y José señalaron que en los viveros que poseen han logrado reproducir unos 140 ejemplares de especies cuyo hábitat es el bosque seco. Estos ejemplares tienen formas de cascada y semicascada; hay otros rectos, inclinados, verticales y con el tronco enrollado, que varía de acuerdo al ingenio de cada uno de los cultivadores.

Ambos afirman que les demandó varios años de práctica adaptar en estilo bonsái las especies del bosque seco que existen en la costa norte.

"Nuestro material genético está a disposición de los investigadores, para cuando se requiera realizar fecundaciones in vitro que permitan revalorar algunas especies que se encuentran en extinción por culpa de la deforestación de los bosques", ofrecieron estos amantes de la naturaleza.

SEPA MÁS 
La historia de los bonsái
4
El arte bonsái nace en China. Los primeros datos del bonsái como tal fueron encontrados durante la dinastía Han (202 a.C a 220 d.C.).
4Esta técnica llega luego a Japón alrededor del siglo XII, de la mano del budismo Zen.
4Las primeras referencias a un bonsái pueden leerse en un libro escrito en 1310-1311 llamado "Tsurezuregusa", escrito por el asceta japonés Yoshida Kenkô.
4En ese libro se menciona a un noble de la corte del emperador, llamado Hino Suketmoto, que cultiva árboles con curvas en macetas.

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