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EL OBSERVADOR

Cárceles e inversión

CON RECURSOS PRESUPUESTALES DISPONIBLES, LA CONCESIÓN DE CENTROS PENITENCIARIOS DEL PAÍS ES UN TEMA QUE PUEDE SER RETOMADO

Por Alberto Pascó-Font [Economista]

Cada cierto tiempo, alguna reyerta en uno de los tantos penales del país vuelve a poner sobre el tapete el gran déficit de infraestructura carcelaria. La cárcel termina convirtiéndose en una escuela de criminales. Por falta de infraestructura se mezclan reos primarios con reos de mayor peligrosidad. Esta falta de seguridad ciudadana impacta negativamente en la inversión privada en general que, de poder escoger, prefiere países con mayores niveles de seguridad.

Desde hace unos años, en diferentes instancias se ha venido discutiendo la posibilidad de que sea la inversión privada la que ayude a resolver esta situación, no solo construyendo nuevas facilidades penitenciarias, sino también operándolas. Saludo la intención de la nueva ministra de Justicia de retomar este tema. Ya hay mucho avanzado. Se puede comenzar con cárceles con capacidad para 2.000 reos primarios, su costo estimado es de aproximadamente US$14 millones por cárcel, el INPE incluso tiene los terrenos, uno en el sur chico y otra en el norte, cerca a Lima. Con voluntad política y los recursos presupuestales, no debería tomar mucho tiempo antes de que se otorgue en concesión el primer local penitenciario, que podría servir como piloto para ir aprendiendo de la experiencia y perfeccionándola. Además, la concesión no requiere que el Estado desembolse el íntegro de los recursos de una sola vez. Se le puede pagar al privado a lo largo del tiempo, aliviando la presión presupuestal.

Las concesiones de cárceles no son raras en otros países en vías de desarrollo. Chile, en la época del presidente Lagos, enfrentó la sobrepoblación carcelaria de dicho país con un modelo de concesiones concordado por los ministerios de Justicia y Obras Públicas, en el cual se mantenía en Gendarmería la administración y vigilancia de los establecimientos, pero se entregaba en concesión a privados: el financiamiento, el diseño, la construcción, el mantenimiento y la prestación de servicios penitenciarios como alimentación, lavandería, salud, aseo, consumos básicos, reinserción social, etc. Canalicemos parte de los excedentes fiscales en esta época, todavía de vacas gordas, ahorrándolos en bienes de infraestructura que mejoren nuestros niveles futuros de vida.

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