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AL DÍA

El año de las cumbres

Por David Rivera del Águila. Economista [Editor]

Usted, estimado lector, debe estar enterado de que en mayo se realizará en Lima la Cumbre de América Latina, el Caribe y la Unión Europea (ALC-UE) y que en noviembre se llevará a cabo el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), pues debe formar parte de ese alrededor de 50% de encuestados en el Perú que a mediados de enero señaló que sí estaba informado de ambos eventos. Aunque a estas alturas ese porcentaje debe haber aumentado, sobre todo después del escándalo que se desató la semana pasada por el incremento del precio de los hoteles, hecho que fue denunciado por el propio Gobierno (hoy la Sociedad Hoteles del Perú hará sus descargos).

A pesar de que existe la idea generalizada de que estas cumbres no traen como resultado nada concreto más allá de los beneficios específicos para el país organizador, en este caso ambas cumbres son importantes en sí mismas y lo son aun más por el contexto económico internacional en el que se desarrollarán.

Comencemos por el aspecto local. Felizmente, la apertura comercial y la integración al mundo han dejado de ser temas tabúes para ser aceptados por la mayoría de peruanos. Hasta hace tan solo un par de años, el TLC con Estados Unidos era cuestionado por la oposición de varios sectores y hoy ha pasado a ser mayoritariamente aceptado. En ese mismo período, un posible acuerdo con China ha dejado de ser un peligro para la industria local para convertirse en una oportunidad para algunos sectores como el agrícola. Es cierto, no es totalmente así, ya hemos dicho en su oportunidad que ambos tienen riesgos que no son pocos ni menores, y que tienen que ver sobre todo con nuestra capacidad para aprovechar las oportunidades en dichos mercados y de enfrentar la competencia de dos locomotoras del mundo, pero lo importante es que la mayoría ya comprendió que la apertura comercial es una necesidad, por más que sea insuficiente para desarrollarnos.

En este sentido, que ambas cumbres se realicen en el Perú servirá para reforzar la percepción entre los peruanos que nuestra integración al mundo es beneficiosa, y que en ese sentido, merecen todo el apoyo del Gobierno, del sector empresarial y de la sociedad en general. Pero son importantes también porque la temática que se tratará está directamente relacionada con problemas que nos preocupan y que tenemos que resolver como sociedad. Desde los aspectos ambientales que fueron impulsados por los europeos para la cumbre ALC-UE y que serían el motivo del apuro del presidente García por llegar a mayo con una propuesta encaminada de ministerio del medio ambiente, hasta las brechas que las economías del APEC tienen que cerrar dentro de ellas y entre ellas, transmitirán que los aspectos sociales pueden también ser una preocupación válida y sincera de los propulsores de la globalización y la apertura comercial. Claro, las cumbres no bastan, pues se requiere que las conclusiones den paso a medidas concretas, y eso es ya responsabilidad de los gobernantes de turno.

Pero además, en un contexto en el que la economía estadounidense entraría en una recesión que durará más allá de un año y en el que las perspectivas indican que China se posicionará más temprano que tarde como la primera economía del mundo, fortalecer nuestras relaciones comerciales y políticas con Asia y con Europa (con quien estamos buscando un acuerdo comercial bilateral) será fundamental. En este sentido, la realización de dichas cumbres en el Perú debería constituir solo un paso más en una estrategia de apertura de mercados, algo en lo que el Mincetur parece estar bien encaminado.

Así las cosas, además de la buena imagen que tenemos que mostrar en dos eventos que congregarán a unos 60 jefes de Estado en el caso de la ALC-UE, a delegaciones internacionales de unas 800 personas para la APEC (entre jefes de Estado, funcionarios de primer nivel y empresarios), y a los centenares de periodistas que llegarán de  todo el mundo, el apoyo al éxito de estas dos cumbres tiene que estar dentro de la necesidad de consolidar los avances logrados en los últimos años en materia económica, en avanzar en nuestro proceso de integración con el mundo y, sobre todo, en escuchar de primera mano las experiencias de los países que ya lograron o están logrando salir del subdesarrollo.

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