Por Renato Cisneros
Reimond Manco es un menor de edad que, por ventura o por desgracia, no ha nacido para ser normal. Porque, por muy talentoso que seas, no es normal que a los 17 años --y en el cortísimo lapso de una semana-- el entrenador de la selección adulta de fútbol tu país te convoque para jugar un amistoso; y que el poderoso PSV de Holanda formalice su interés por ti extendiéndote un suculento contrato para ir a jugar a Europa; y que uno de los comentaristas deportivos más influyentes del medio se pelee contigo y diga públicamente que tienes c... en la cabeza; y que al mismo tiempo se anuncie una serie de televisión en la que un actor ha construido un personaje basado en tu propia vida; y que al final de esa semana, para concluir esa larga cadena de hechos inéditos, salgas a jugar un partido y te expulsen por hacer eso que nunca hiciste: agredir a un rival.
Nadie está preparado para vivir esas experiencias en tan corto tiempo y seguir siendo el mismo después. Al parecer, Reimond Manco tampoco. En los últimos días, acaso endulzado por el azúcar del éxito, el delantero se ha mostrado algo majadero, disforzado y quisquilloso. Tal como temíamos, la fama y el aplauso, en fatal combinación con el inmaduro ego adolescente, se han robado la humildad del carismático Jotita.
Ojalá que recapacite. Como él mismo nos enseñó a decir: sería lo justo.