Por Fernando Vivas
Las instituciones se mantienen en crisis mientras no se quieran a sí mismas, mientras no respeten ni la memoria ni la trayectoria ni la salud ni la precaria condición laboral de sus estrellas.
En esto pensaba mientras veía el 'homenaje' que Jeanet Barboza cometía contra Román Gámez en "La súper movida". El 'Ronco' está sufriendo los estragos de la diabetes y no tiene trabajo ni recursos para afrontarlos como su humanidad manda. Y el programa de Jeanet, secuela del cataclismo de Néctar, se concibió precisamente para eso, para exprimir el llanto popular evocando las tragedias de sus mal pagadas estrellas. ¡Los famosos del humor y del folclor también son pobres! Vaya gancho.
Pero, vamos, los sentimientos de conductora y productores tienen que ser informados y genuinos. La Chola Chabuca, aunque cursi y palabrera, se casa con sus homenajeados en el programa rival de América. En la sinuosa movida de Panamericana, en cambio, el caos y el desdén, y Dios sabe qué otros líos de producción, minan el sentimentalismo. La Barboza, en la secuencia final, no sabía a quién anunciar: si a Chapulín el Dulce de Los Shapis, si a Los Morunos, si a Pedro Miguel, si al Grupo 5. Y si todas esas figuras se dieron cita, es porque el 'Ronco', desde hace tres décadas, es una figura clave de la radio, primero y siempre, y del humor televisivo después, desde que compareció en "Estrafalario" (1976), brincó a "Risas y salsa" (1980) y estrenó espacio propio: "El supershow del Ronco" (1984), gracias a su labia achorada e imparable y a su capacidad batidora que lo convirtieron en el único reemplazo de Ferrando cuando este faltó a su "Trampolín".
Pues le han hecho un homenaje basura a este divertido ex pescador que tiró su ancla en las cabinas de Radiomar y una vez fusionó TV y radio cuando tuvo su 'talk show' "Ronco de noche" (1997) en Panamericana.
Y todo esto lo pensé antes de leer en varios medios declaraciones de Gámez y de su hija que revelaron que el carro que le regalaron tenía condiciones inadmisibles, que Panamericana aún le debe y que antes ya lo habían hecho esperar para un tributo frustrado. Como para decir: "No me homenajees, compadre".