Pedirles que agarren el timón de Alianza con la misma pericia con la que conducían al Boys o a la Sub 17 era demasiado. Como también lo era exigirles un gol o que se buscaran a ojos cerrados para entablar una 'conversación' que muchos antojadizos ya bautizaron como la gran tertulia futbolística del año. Ni Montaño ni Manco hablaron el mismo idioma para anunciar que serán la pareja salvadora de este raquítico equipo de Arrué.
Lo de ayer fue un partido tan informal como la vestimenta de Alianza, con poco tinte azul para la aprobación y mucho de blanco para ir a tono con las inmensas 'lagunas' que acumularon bostezos. Johnnier y Reimond apenas se juntaron un par de veces, inventaron una pared en una zona intrascendente --muy lejos del arco-- y no hicieron cosquillas a la defensa del Emelec. Colectivamente funcionaron tanto como el once íntimo que ni siquiera raspó la aprobación.
Pero si alguna ventaja tienen sobre sus compañeros, es precisamente la capacidad individual que los hace diferentes. Ambos tienen el don que hace levantar al hincha del asiento en una simple jugada, como sucedió ayer, aunque todo no pasó de una situación ocasional que se perdió en la inconstancia.
El colombiano jugó de enganche, con todas las licencias que le dio Arrué para moverse con libertad, pero nunca le puso un balón con ventaja a Benavides --el único delantero-- ni sirvió pases gol. Para colmo, tampoco estuvo preciso en la ejecución de tiros libres y córners.
Para Manco, la tarde no fue propicia para su fútbol. Murió en sus enganches y recostado por la banda derecha chocó siempre con la defensa ecuatoriana. Y cuando superó la primera marca, jamás pudo sacarse la segunda de encima. En donde sí estuvo más fino fue cuando buscó la sociedad con Benavides, porque cuando cambió de perfil con Faiffer tampoco le fue bien.
Montaño solo duró en la cancha 44 minutos --se despidió con una contractura en la pierna izquierda-- y Manco llegó hasta los 78' antes de ver la tarjeta roja. A la sociedad anunciada, la bautizada dupla que generó tanto morbo, le faltan mucho minutos de vuelo. Jamás apareció. Y quizá tampoco lo haga y termine siendo el sueño jamás concretado. Primero habrá que esperar la habilitación del colombiano y después rezar para que el PSV no se lleve el talento del 'Pelusa'.