Por Eduardo Morón. Economista U. del Pacífico
A nadie le sorprende que América Latina sea uno de los continentes con mayor desigualdad en los ingresos en el mundo. Lo que pocas veces se discute es cuáles son las causas que están detrás de una situación que arrastramos por décadas. El Banco Mundial acaba de publicar dos trabajos que tratan sobre este tema, que aprovecho para discutir con ustedes. Lo primero que hay que señalar es que esta distribución de ingresos tan desigual en realidad es, en buena medida, un reflejo de una distribución de activos también desigual. Como se dice vulgarmente, es más fácil hacer plata cuando ya tienes plata (activos). Y por mucho tiempo hubo grandes desigualdades en activos como tierras, educación y poder político.
En América Latina la distribución del ingreso antes de impuestos y de transferencias del Gobierno es muy similar a la distribución del ingreso disponible. En cambio, en Europa esto no es así. Lo más interesante es que el nivel de desigualdad es prácticamente el mismo en ambos continentes cuando consideramos el ingreso antes de impuestos y de transferencias gubernamentales.
Dada esta desigual distribución de activos que no promueve una igual distribución de oportunidades, los estados tienden a utilizar estos dos instrumentos (impuestos y transferencias) para ofrecer un piso más parejo a toda la población. Lo que se observa en estos estudios es que en Europa los impuestos cumplen ese rol redistributivo, mientras que eso no pasa en América Latina. Curiosamente, en el Perú la distribución de ingresos empeora --aunque ligeramente-- después de incluir el efecto de las transferencias y de los impuestos. Es decir, tenemos una máquina de redistribución que no funciona.
¿Cómo debemos interpretar este resultado? La lectura tiene dos miradas. Una es que el Estado de alguna manera está capturado por grupos de interés y por lo tanto no se distribuye a través de mayores impuestos. La otra mirada es que el Estado no provee una serie de servicios básicos a la población, la que debe solventar con sus ingresos la correcta provisión de servicios como seguridad, educación, salud. Es decir, hay un impuesto oculto que pagamos todos (pobres y ricos) porque lo que el Estado provee no resulta adecuado. Es el cerco eléctrico en mi casa o la visita urgente a la clínica porque la seguridad social no atiende emergencias con suficiente prontitud. Es por esto que resulta urgente e importante impulsar los mecanismos de presupuestos por resultados en más áreas del gasto público. Asimismo, es urgente revisar subsidios supuestamente para todos que terminan beneficiando a los que menos lo requieren. Ejemplos de eso son subsidios a la gasolina, pensiones y educación universitaria.
Un punto adicional que resulta muy interesante de los trabajos es el efecto que tiene la desigualdad en reducir la efectividad del crecimiento económico como herramienta para disminuir la pobreza. Es decir, nadie duda de que el crecimiento económico reduce la pobreza. El punto es que esta reducción podría ser mucho mayor si fuésemos menos desiguales. Uno de los elementos que juega en contra aquí es el hecho de que la movilidad social se reduce con la desigualdad. Es decir, en una sociedad muy desigual, el ingreso de un joven dependerá mucho más de las características del hogar de sus padres que de cualquier otra cosa. Lo ideal sería que ellos pudieran construirse un futuro diferente (mejor) al de sus padres gracias a su esfuerzo. Eso es más difícil de lograr en una sociedad muy desigual. Una manera alternativa de decirlo es que los hogares más pobres 'legan' su pobreza a sus hijos en una sociedad desigual en mayor proporción que en una sociedad más igualitaria. ¿Resolvemos el problema o se lo dejamos al próximo Gobierno?