Por Susan Abad. Corresponsal
BOGOTÁ. Una verdadera tormenta política desató el principal partido político que apoya a Álvaro Uribe, al decidir impulsar una segunda reelección del presidente de Colombia.
La iniciativa del Partido de la U, agrupación que surgió en apoyo a la primera candidatura de Uribe y deriva su nombre de la primera letra del apellido del mandatario, originó inmediatas críticas y diversas personalidades, entre ellas algunas de las filas del Gobierno, emplazaron a Uribe a aclarar de una vez por todas si está interesado en un tercer mandato.
"Me parece que ya es hora de que el presidente desautorice las propuestas que pretenden cerrar los canales democráticos para convertirlo en un caudillo", dijo el vocero del Partido Liberal, Héctor Elí Rojas.
A su vez, Germán Vargas, líder de la bancada uribista y aspirante a sucederlo en el 2010, dijo: "Hay que preguntarle al presidente cuál es su opinión, que lo diga sin ambigüedades".
La iniciativa, que requeriría de una reforma constitucional o de un referéndum solicitado por 1'300.000 personas, se produce en el momento en que Uribe goza de un 80% de popularidad.
Proponen nueva reelección de Uribe
BOGOTÁ. Un poco adolorido, pero feliz, luego de ser intervenido quirúrgicamente de una herida en la cabeza, el agricultor colombiano rehén de las FARC que se escapó de su cautiverio dice que ha vuelto a vivir.
Ricardo Correa, un robusto y curtido hombre de campo, de 30 años, relató a los medios de comunicación que las piernas le flaquearon el 23 de enero cuando seis hombres uniformados y armados le salieron al paso mientras se dirigía a sus labores en el sector rural de Toledo, en el Norte de Santander, cercano a la frontera con Venezuela.
Sabía lo que le esperaba. Los recuerdos de las imágenes de las inhumanas condiciones en que el grupo terrorista mantiene a los secuestrados le causaba pavor y desde ese momento decidió que no sería un rehén más.
Sin saberlo estaba en manos del frente 45 del grupo terrorista y, desde ya, engrosó la lista de más de 700 colombianos que las FARC mantienen privados de su libertad con fines extorsivos.
"Eran unos 40 guerrilleros los que me tenían. En el día nos la pasábamos caminando y en la noche nos acostábamos a dormir en el piso. Antes de acostarme me amarraban con un lazo (soga) de una mano a un árbol", recuerda.
Mientras los secuestradores lo internaban en el monte, la esposa de Correa recibía el mensaje de que su libertad costaba 100.000 dólares, suma que no tenía pues, como asegura, "él es un hombre de campo, apenas cuenta con lo necesario para sostener a la familia".
Fervoroso creyente, Correa recuerda: "Todos los días rogaba a Dios que me diera la posibilidad de escaparme y que los guerrilleros no me pudieran alcanzar". Dice que esperaba ansioso el momento que se descuidaran y le pedía al Todopoderoso que le indicara "la hora de salir como fuera".
Asegura que la fe mueve montañas y que la señal divina llegó con los ronquidos de sus secuestradores la noche del 30 de enero. Relata que, como pudo, se soltó las cuerdas que ataban sus manos y corrió con todo lo que le daban sus temblorosas piernas. En los primeros días de su fuga solo podía tomar agua porque no había ningún cultivo en la zona, pero después, con el paso de los días encontró cultivos de yuca y se comió los tubérculos crudos.
EL FINAL DE LA PESADILLA
La desconfianza de toparse con algún simpatizante de sus secuestradores le impidió pedir ayuda en las casitas que iba encontrando entre la espesura del bosque. "Caminaba un poco de día y otro poco de noche para no ser detectado por los terroristas", dice.
Rememora que el momento más crítico se presentó cuando se colgó de unas ramas para tratar de pasar un precipicio, con tan mala suerte que se hizo una herida en la cabeza. "Perdí mucha sangre y casi pierdo el conocimiento. Luego se me infectó la herida y se me inflamó la cara", narra.
Tras siete días de angustia, la aventura terminó el martes, cuando llegó a la población de Gibraltar, donde los médicos del lugar lo atendieron y alertaron al Ejército, que fue el encargado de trasladarlo a un hospital de Cúcuta, donde fue intervenido. "Mi secuestro fue corto, pero uno siente lo duró que es andar por la selva en zonas que no conoce", dijo.
Este final feliz se da cuando se espera que las FARC cumplan con liberar a los ex congresistas Gloria Polanco, Luis Eladio Pérez y Orlando Beltrán, secuestrados hace siete años por los subversivos.