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Punto de vista

El deber de ser optimistas

Por Rolando Arellano. Doctor en márketing*

Hoy, cuando la turbulencia de la economía estadounidense pone nerviosos a muchos peruanos, se escuchan comentarios sobre una inminente crisis y hasta previsiones del fin del crecimiento económico de nuestro país. En esta situación los líderes de opinión social --entre los que probablemente esté usted, señor lector-- deben entender que parte de su contribución al desarrollo del país debe ser generar optimismo en la gente, evitando opiniones como las señaladas.

Hace mucho tiempo se sabe que las expectativas son un elemento central de la economía, pues ellas son un buen termómetro de la salud de un país, indicando el incremento o disminución futura del ingreso y el gasto de las personas. En efecto, si la población cree que la economía mejorará, pensará que sus ingresos van a incrementarse y por lo tanto decidirá comprar más bienes. Un empresario que piensa así se arriesgará a comprar más maquinarias y a contratar a más operarios. Por el contrario, si piensa que la economía irá mal, guardará su dinero y hasta despedirá a algunos empleados.

Pero las expectativas, además de influir en el comportamiento inmediato, tienen la característica de ser autogeneradoras, es decir, pueden crear su propio crecimiento. Así, los empresarios optimistas que contratan personal, incrementan el ingreso de la gente y generan por tanto más consumidores, los que a su vez demandarán más productos, por lo cual deberán contratar más personal En viceversa, si creen que la economía irá mal, dejarán de invertir y de comprar, generando disminución del trabajo y de la demanda, y trayendo problemas cada vez mayores. Acordémonos aquí de las épocas en las que el rumor de escasez de un producto hacía que la gente comprara mucho --para almacenar-- generando así la escasez que el rumor predecía.

Evidentemente no se trata de pedir a los líderes de opinión que oculten sus ideas sobre el desempeño de la economía, si están convencidos de ellas. Pero, en el caso actual, ¿somos tan dependientes de Estados Unidos como para esperar una inmensa crisis aquí como resultado de la de ellos? ¿No estamos ya bastante diversificados en mercados? ¿No tenemos una variedad de productos que no están ligados con esos mercados críticos? Lo cierto es que nadie tiene para eso una respuesta exacta.

En esta situación, donde no hay verdad segura y los pesimistas nos recomiendan prepararnos para lo peor mientras los optimistas dicen que la cosa no es tan grave, yo prefiero escuchar a estos últimos. Si bien el vaso está a la mitad, el que dice que está medio vacío contribuye a que se siga vaciando, mientras que quien indica que está medio lleno hace que las expectativas de la gente contribuyan a llenarlo. Por tanto, ante la duda, los agoreros de las crisis sirven menos al país que los que prevén crecimiento. Por eso, señor lector, sea optimista al opinar; porque así contribuye a generar el desarrollo que todos buscamos.

* CENTRUM CATÓLICA / ARELLANO MÁRKETING, INVESTIGACIÓN  Y CONSULTORÍA

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