Por: Juan Paredes Castro |
No es la primera vez que vemos al país sumido en la peor de sus tragedias institucionales: esa que representa la tuerca fuera del tornillo. Solo que esta vez la comprobación de la tragedia contrasta con las metas y objetivos ambiciosos que se ha impuesto el Gobierno y con el clima de optimismo que rodea las cifras de crecimiento económico, uno de los mayores y más sostenidos de América Latina.
No hay milagro posible que pueda llevarnos demasiado lejos con la metáfora de la tuerca fuera del tornillo, tanto o más grave quizá que la metáfora del perro del hortelano.
Resulta que el PNUD tiene que ponernos patrulleros en las puertas de las comisarías porque somos incapaces de exhibir un óptimo sistema propio de compras.
Resulta que tampoco podemos montar un eficaz servicio de revisiones técnicas de vehículos, porque aún no sabemos qué hacer con el viejo y el nuevo parque automotor que tenemos.
Resulta que hemos debido esperar más de un año para que nuestras alertas sobre una estructura de corrupción dentro de la Policía Nacional sean confirmadas. Resulta que la penetración del narcotráfico dentro del Estado es tan fuerte y sofisticada que no basta que el Ministerio Público se vuelva quisquilloso con su autonomía, sino que sepa demostrar por qué no investiga lo que en verdad tiene que investigar, antes de hostilizar el trabajo de sus fiscales más probos.
No hay manera de hacer calzar la eficiencia con la honestidad, los planes y objetivos de desarrollo con la ausencia clamorosa de gestión moderna en el Estado, las demandas de control, fiscalización y justicia con legislaciones y autoridades realmente descomprometidas con la competitividad y moralización de la función pública.
La tuerca fuera del tornillo está allí donde en lugar de un gerente profesional opera un favorecido con carnet del partido, es decir allí donde los trabajadores de una empresa estatal ahora rentable reciben en la práctica una señal antimeritocrática, en lugar de la meritocrática pregonada por el presidente Alan García. Así de simple.
La tuerca fuera del tornillo se instala finalmente en el cálculo reeleccionista gubernamental del Apra; en la incapacidad del Congreso para distinguir las faltas graves de los delitos flagrantes de sus miembros; y en los liderazgos caudillistas divorciados de la estructura de sus partidos y de la realidad del país.
Nuestro sistema político es la mayor tuerca fuera del tornillo y así y todo sobre él descansa nuestro desarrollo económico y social.
¿Cuándo y cómo acabar con esta tragedia?