CAMPAÑA DE CAMBIO
Por Tomás Eloy Martinez. Escritor
La palabra "cambio" domina obsesivamente la campaña por la candidatura presidencial en Estados Unidos. A principios de enero, en el camino de Boston hacia Salem, New Hampshire, se vendían pancartas con los nombres de todos los postulantes: "McCain for President", "Hillary 2008", "Obama President '08". Una de las pancartas no tenía un nombre propio sino un lema que podía servirle a cualquiera de ellos: "The change we need" (El cambio que necesitamos).
Con ligeras variantes, tanto los demócratas como los republicanos ofrecen lo mismo: cambiar ahora, empezar de nuevo. Hace ocho años, el único candidato que no hablaba de cambio, George W. Bush, terminó cambiándolo todo, y para peor.
"Somos un solo pueblo", dice el senador demócrata Barack Obama. "Nuestra hora de cambiar ha llegado". "El cambio puede ganar", dice el ex gobernador republicano Mike Huckabee, quien cambió de veras su apariencia en los últimos 15 meses al bajar 45 kilos. A su vez, la senadora demócrata Hillary Clinton se ilusiona: "No solo estamos eligiendo a un presidente. Estamos tratando de cambiar nuestro país".
Por obvias razones, Clinton y Obama encarnan el cambio en su misma identidad. Él es el quinto senador negro en la historia de Estados Unidos; ella aspira a ser la primera presidenta. Ser distintos no será suficiente para ganar mientras no expliquen cuál sería la ventaja.
"Se hace campaña con poesía pero se gobierna con prosa", atacó Hillary Clinton a Obama, al recordar que Obama conmueve a las multitudes cuando recuerda sus orígenes --es hijo de un pastor de cabras negro de Kenia y de una estudiante blanca de Kansas-- aunque a la vez recibió una educación privilegiada en Harvard.
Los detractores de Obama lo han bautizado "Oreo", por las galletas de chocolate negras por fuera y blancas por dentro. Y algunos, al nombrarlo en público, confunden deliberadamente su nombre completo, que es Barack Hussein Obama. Se lo ha llamado Saddam Hussein y también, con peor intención, Barack Osama.
No es poco lo que Estados Unidos podría cambiar, después de las desastrosas dos administraciones de Bush. Inclusive los aspirantes republicanos hablan de cambio, aunque no atacan al presidente salido de su mismo partido. De hecho, coinciden con él en temas centrales como la necesidad de continuar las operaciones en Iraq y mantener la cárcel de Guantánamo así como ciertas formas de tortura.
Todos los demócratas quieren evitar que en Iraq se repitan los errores de Vietnam. Hillary propone retirar las tropas lentamente hasta el 2013 y dejar militares para combatir a Al Qaeda, apoyar el ejército local y evitar que el enfrentamiento civil se expanda en la región en detrimento de los intereses norteamericanos. Obama restringe la propuesta de retiro a 16 meses, aunque también dejaría militares para combatir el terrorismo, pero se alejaría de la lucha interna en Iraq y realizaría esfuerzos diplomáticos personales con Irán.
Las diferencias son más claras en otros campos. Todos los demócratas prometen reformar el sistema de salud, que deja sin protección a 47 millones de personas. También todos aseguran que rechazarán las modificaciones impositivas de Bush e impondrán un sistema fiscal que beneficie a la enorme clase media.
Todos enfrentarían el problema de los inmigrantes buscando un camino a la legalización, que incluya multas por haber defraudado el control migratorio, la obligación de aprender inglés y penalidades para los empleadores que contraten trabajadores en negro.
Todos prometen buscar alternativas energéticas y reducir las emisiones de gases que contribuyen al efecto invernadero.
Estas diferencias solo muestran que la práctica política corre detrás de cambios que ya se han producido en la sociedad. La situación en Iraq es de solución difícil, porque cuesta más dinero repatriar tanques, municiones y tropas que dejarlos donde están. Doce millones de inmigrantes ya se han integrado a la sociedad, aunque estén aún en la sombra.
La realidad, por sí sola, está cambiando a Estados Unidos y lo desvía hacia un futuro en el que hay pocas certezas.
Nadie puede saber qué país encontrará el presidente que empiece a gobernar en enero de 2009. Tropezará con ruinas muy pesadas y se le irá mucho tiempo en levantarlas.
Tomás Eloy Martínez es el autor de "La novela de Perón" y "El vuelo de la reina".
© Tomás Eloy Martínez
Distribuido por The New York Times Syndicate
Exclusivo para el diario El Comercio en el Perú