Por Fernando Vivas
Ese es el parafraseo entre irónico y compasivo que se puede dedicar a las 'burriers' que protagonizan "Seis con ocho", un documental producido por Devida y dirigido por Judith Vélez.
La sombría media hora tiene algunas de las constricciones del trabajo de encargo institucional --advertencia repetida, aunque sutilmente subrayada en los barrotes de la cárcel de Santa Mónica, énfasis moral en las familias rotas y los hijos abandonados, ausencia de diatribas contra el sistema, pues supongo que si las reas decían todo lo que les salía del forro ello pasaría por el filtro de la estrategia antidrogas--, pero tiene también sus ventajas: a la documentalista, cuya técnica es borrar sus preguntas y borrarse ella misma del encuadre tras haber dialogado mucho con sus personajes y asegurarse de que condensaran lo esencial de su vida cuando hablaran ante la cámara, se le ha permitido pasear por el penal para registrar los momentos de nostalgia de las 'burriers' en sus celdas, sus llamadas telefónicas, la espera de sus visitas.
En un buen cálculo, se nos ahorra información legal y estadística para que las presas se extendieran en las sumarias razones que las llevaron a delinquir, en lo que no sabían y ahora saben, en su arrepentimiento y en relatar --es la mejor advertencia y no es necesario subrayarla-- lo peor que han vivido, sin el chueco romanticismo de "María, llena eres de gracia".
Para la mexicana Gaby, la más lúcida, si esa virtud cabe en Santa Mónica, fue la parca llamada del galán perverso que la metió en el lío; para la británica Sara es la lejanía; para la ecuatoriana Sandra, ignorar que traficar con heroína, como ella hizo, no tiene pena de seis años y ocho meses como la de cocaína que recoge el título, sino los trece años que le han clavado; para la peruana Miriam fue enterarse por la psicóloga de planta que murió uno de sus hijos.
Ojalá que más entes con plata de la cooperación internacional (Usaid en este caso) y urgencia de proyectar sus mensajes recurran a expertos y produzcan más documentales, o reportajes de largo aliento si así prefieren llamarlos. Le hacen bien a nuestra TV que, de un tiempo a esta parte, flojea en el registro creativo de nuestras miserias.