Por Enrique Planas
Dorian Gray, un modelo de belleza. Una obsesión para el pintor Basil Hallward, quien, impresionado por su atractivo físico, consigue congelarlo en el que será su mejor retrato. En su estudio de Basil, Dorian conoce al ingenioso y hedonista Lord Henry Wotton, quien lo cautiva y convence de que lo único que vale la pena en la vida es la belleza y la satisfacción de los sentidos. Al ver el cuadro terminado, el inocente mozo se da cuenta de que, algún día, perderá su belleza. Y clama por conservar para siempre la edad del cuadro que Basil pintó para él.
Pero hay que tener cuidado con lo que uno desea. Sin explicación racional, el bello e ingenuo Dorian se convierte en un ser libertino y perverso, pero siempre seductor. Escondido bajo llave, su retrato, en gradual descomposición, es lo único que evidencia su degradación física y moral.
Publicada en Londres, en 1890, la novela "El retrato de Dorian Gray" es el pretexto ideal para que el director Roberto Ángeles reflexione sobre una de las más poderosas obsesiones humanas: la belleza de la juventud. Con otros montajes del autor irlandés en su haber, Roberto Ángeles puede ser considerado un especialista en Wilde. Para él, su obra no solo es divertida, inteligente y reveladora, sino que también plantea un enfoque conmovedor, dramático, incluso trágico, de la condición humana.
¿Estamos frente a una fábula sobre la vanidad o sobre la ambición de la eterna juventud?
Hay una diferencia entre la novela original y mi adaptación. Wilde incide mucho en la vanidad de un joven por su aspecto físico, azuzado por los estetas. El énfasis de mi propuesta está en la belleza de la juventud, cierta y universal. Yo creo que la juventud es bella per se. El drama se genera por la ausencia de otros valores en Dorian Gray, más allá de la belleza. Aislado de otros aspectos del desarrollo personal, no considera los sentimientos y afectos ajenos, ni siquiera la vida de los demás. Con el tiempo, lamentará haberse consagrado solo a la belleza formal, y no haber descubierto el placer de recibir o dar afecto o valorar la generosidad de los otros. Dorian extraña la inocencia de la juventud y es muy probable que quiera volver a ella. Pero --según Wilde-- eso es imposible: El protagonista ha hecho un pacto, y los pactos se cumplen. El mal se llevará no solo su juventud y su belleza, sino también su bondad e inocencia. No hay marcha atrás.
¿No es una contradicción que Wilde, un dandy a quien le gustaba mostrar su lado más cínico y superficial, escribiera cuentos profundamente morales?
No hay que confundir lo moral con lo moralista. Wilde no es un cucufato, él se concentra en principios morales humanos, no acuñados por leyes o costumbres.
El lector de la novela podría pensar que Wilde 'castiga' a Dorian Gray por su vanidad, por creer que lo único que vale la pena en la vida es la belleza...
Al leer su obra, uno puede entender que Wilde valora tremendamente los afectos. Sus cuentos para niños son esencialmente amorosos. Él valora las esencias humanas como cualquier persona. "El retrato de Dorian Gray" es un canto de advertencia a los jóvenes, para que consideren en sus prioridades otros aspectos de la vida. Es usual que el joven se concentre tanto en sí mismo que no se de cuenta del universo que lo rodea.
Wilde confesaba que se sentía identificado con los tres protagonistas de su novela: El pintor Basil Hallward representaba su visión de sí mismo, el noble Lord Henry Wotton era como él creía que lo veían los demás, y Dorian Gray simbolizaba lo que él hubiera querido ser...
Así es. El personaje de Lord Henry Wotton tiene un discurso casi igual al del mismo Wilde. Lo mismo hizo en "La importancia de llamarse Ernesto", en donde el personaje de Archibald es, en alguna medida, su personificación.
En su adaptación hay un respeto muy marcado por los diálogos de la novela. ¿No corre el riesgo de hacer excesivamente discursiva la obra?
Un poquito, claro. Incluso podría tornarse un poco pesada. Pero ese es uno de los atractivos de Óscar Wilde. Muchísima gente conoce esta novela y valorará ese aspecto literario en el escenario.