RETROSPECTIVA. Lajos D'Ébneth (1902-1982)
Su obra es tan prolífica que ha tenido que ser dividida en dos partes. Del 21 de febrero al 16 de marzo en la galería John Harriman del Centro Cultural Peruano-Británico se reúne la obra gráfica y escultórica del artista húngaro-holandés Lajos D'Ébneth, formada por 48 objetos, entre collages, dibujos, litografías, serigrafías y xilografías, además de poderosas piezas hechas en madera, metal y piedra.
Una semana después, del 27 de marzo al 16 de abril, colgarán 39 pinturas, trabajos que abordan las más importantes vanguardias artísticas del siglo XX. De las formas figurativas y expresionistas pasó a la abstracción y al constructivismo geométrico. Su paso por la Bauhaus le hizo trabar amistad con genios como Paul Klee, Wassily Kandinsky o Kurt Schwitters. También formó parte del grupo Der Sturm y participó en sus radicales exposiciones. En el Perú su obra se enriqueció con la inspiración tribal y con su admiración por las culturas precolombinas.
La curaduría de esta urgente muestra recae en la crítica de arte Élida Román, quien conoció al artista a fines de la década del 60 y cuya obra llegó a presentar en la entonces influyente Galería 9. "Cuando tuve una galería, busqué solo a los artistas que me interesaban, del Perú y de afuera. Y Lajos D'Ébneth era, sin duda, uno de ellos. Después de su muerte, ha experimentado una especie de descubrimiento de afuera para acá, cuando vinieron los especialistas holandeses a buscar su obra", explica.
"Uno nunca es neutral, pero tengo el esfuerzo constante de serlo: puedo ver en sus esculturas por exponerse el rastro de Giacometti, Moore o Brancusi, pero también la matriz de las obras de nuestros mejores escultores. Curiosamente, D'Ébneth no hizo academia", señala Román, quien organiza buena parte de la colección del autor, conservada en su casa-taller en Chaclacayo (construida por el mismo D'Ébneth según los diseños de la Bauhaus) y enriquecida por préstamos de coleccionistas privados.
Después de apreciar la retrospectiva, organizada por la Asociación Peruano-Británica, es seguro que quien pasee por el parque Salazar y observe el pétreo cóndor flanqueado por fuentes y su personaje en bronce, ubicado frente a las escalinatas del ingreso a Larcomar, apreciará estas sabias esculturas de otra manera. Como las creaciones de un maestro inquieto y de carácter que, identificado con el arte moderno y admirado por la tradición prehispánica, nos dejó un enorme testimonio de búsqueda de la pureza y la verdad.