Por Rolando Arellano C. Doctor en Márketing
Nos alegramos de que nuestro llamado, de hace unas semanas, para tomar en cuenta "primero a la gente" en los reglamentos de tránsito, haya recibido comentarios positivos y siga generando acciones en ese sentido. Hoy queremos señalar la necesidad de tener otro criterio como guía de acciones de individuos, empresas y autoridades, el criterio del tiempo.
Los peruanos, como muchos latinos, estamos acostumbrados a ver el tiempo como un valor secundario, lo que se evidencia en la manera laxa en que cumplimos con las citas, ya sean de negocios o de amistad. Olvidamos que esa manera de ver el tiempo, sobre todo por empresas y autoridades, tiene consecuencias económicas graves. Veamos ejemplos.
1.- La mayoría de autoridades municipales parece considerar que el tiempo es menos importante que las obras. Así, no les importa cerrar calles durante meses, para construir un parque, un by-pass o una vía rápida, aunque eso signifique miles de personas paradas en embotellamientos y desvíos (trate de ir hoy de Chorrillos a Barranco y verá). Los contratistas, que trabajan 40 horas por semana, con equipos lentos y tradicionales, palidecen frente a aquellos de países donde la rapidez es primordial, buscando minimizar las horas productivas perdidas por los usuarios de una ruta.
2.- Los encargados del tránsito olvidan que los semáforos deben también optimizar el desplazamiento de los vehículos, para que las personas se movilicen eficientemente. Así, no entienden que los semáforos no sincronizados, que transforman una travesía de 10 minutos en una de 25, originan millones de horas-hombre desperdiciadas. Y la falta de criterio sobre el tiempo se hace más evidente en casos como el 'Pentagonito' en San Borja o la Escuela de Policía en Puente Piedra, donde semáforos frente a sus puertas interrumpen el tráfico --sin razón práctica-- cada tantos minutos. ¿Quién paga al país las miles de horas perdidas por esa práctica?
3.- Con frecuencia se afirma que los latinos no somos tan esforzados como otros. No es cierto. Las estadísticas señalan que nuestros paisanos tienen casi dos horas de actividad diaria más que los trabajadores de países desarrollados. La diferencia se debe, principalmente, a nuestra ineficiencia en el transporte --dedicamos muchas más horas para ir y venir al lugar de trabajo-- y al nivel de productividad por hora de ellos --producen más en menos tiempo-- debido a su mayor tecnología y capacitación. ¿No es el mal uso del tiempo una causa de nuestro menor desarrollo?
En fin, no está mal que los peruanos tomemos el tiempo informalmente para temas personales o amicales, pues eso es parte de nuestra manera de vivir y enfrentar el estrés cotidiano. Pero para temas de trabajo, ya es momento de poner el criterio del tiempo en nuestra agenda de cambios. Pongamos en relieve el viejo adagio de "time is money", o mejor aún, como en esa reciente publicidad bancaria, seamos conscientes de que el tiempo puede valer mucho más que el dinero.
CENTRUM CATÓLICA. ARELLANO MÁRKETING, INVESTIGACIÓN Y CONSULTORÍA.