Por Enrique Planas
Fue un hombre forjado por dos guerras. Ellas no solo templaron su carácter, sino que también generaron las preocupaciones de su arte: la primera conflagración mundial llevó a Lajos D'Ébneth a abrazar la fe en el constructivismo, la casi espiritual necesidad de encontrar el orden, aceptar que el arte es una realidad en sí misma, pura abstracción independiente del mundo. La Segunda Guerra Mundial lo halla abocado en la figuración más vigorosa, atento a la relación entre el arte y la vida.
Fue también un hombre de muchas patrias. Hijo de una noble familia húngara, debió escapar del avance del ejército ruso, que anexó su tierra al imperio soviético. Holanda será su segundo hogar y Alemania la oportunidad para sumarse a la revolución artística emprendida por Walter Gropius desde la fundamental escuela Bauhaus. Radicado desde 1949 en el Perú, D'Ébneth, artista total, trabajador incansable, emprendió una obra que influenció notablemente en los artistas más jóvenes de su época (especialemtne escultores). Hoy, cuando su nombre corre el riesgo de ser olvidado, el C.C. Peruano-Británico rescata en dos poderosas muestras consecutivas su notable obra e influencia. Redescubrámoslo.
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