Cusco [El Comercio]. Tres puntos más para un equipo peruano en la Copa Libertadores 2008. Alegra el promedio feliz. Siete puntos de nueve. Sin embargo, el 2-1 del Cienciano del Cusco ante el Nacional de Montevideo dejó la sensación de mezquindad. Pudo ser una goleada porque los uruguayos estaban exhaustos desde los primeros treinta minutos. Quedó claro que en el ombligo del mundo faltó el instinto o el desparpajo de quien sabe dar los tiros de gracia.
Vale sumar de a tres pero hay que incentivar el inconformismo. Campeonatos como la Libertadores se definen muchas veces por la diferencia de goles y los rojos se están malacostumbrando a ganar con lo justo.
Está claro que equipos como el Nacional, o el mismo Wanderers, solo vienen al Cusco a aguantar mientras el oxígeno permanece intacto. Y Cienciano debe aprender a manejar mejor esa ventaja geográfica.
Ayer, perdonaron la vida cuando debieron disfrazarse de insaciables y dejaron que ese gol de tiro libre de Victorino pueda impulsar un empate imperdonable para ellos.
Ha transcurrido una fecha de Copa Libertadores para los tres equipos peruanos y los imperiales no traicionaron a su sangre copera. No quisieron desentonar después de que San Martín de Porres y Bolognesi de Tacna lograron sobrevivir ante dos monstruos imponentes como el River Plate y Flamengo.
Equipos que viven en las alturas, como el Cienciano, te ahogan y después cobran todos los cheques pendientes. Franco Navarro, por todo ello, sabe que con el danzarín Chiroque, el incansable y peligrosísimo Guizasola y el sorpresivo Sawa puede ser suficiente para dejar sin aire a los rivales en el Garcilaso de la Vega. Este Cienciano corre mucho, corre tanto que a veces parece que le falta un freno para llenarse de efectividad.
Los hijos del gol
Lo que gusta de equipos como el cusqueño es la tradición latente, incluso, en el perfil de sus jugadores. Si en el 2003 hubo un Germán Carty, en el 2004 un Miguel Mostto y en el 2007 un José Fernández, este año se presenta Gustavo Vassallo como la opción para que la furia roja no muera de cara al gol.
Los '9' por naturaleza tienen historias felices en los más de tres mil metros sobre el nivel del mar del Cusco. Y un Vassallo, postergado en la 'U' y Cristal, parece que va camino a su reencuentro goleador. Tiene un técnico como Navarro que confía ciegamente en él y ayer agradeció de la mejor manera. Dos goles y una señal de que en Cienciano los hombres pasan pero la historia se queda.
Gerardo Pelusso, hoy técnico del Nacional, nos hizo recordar a su versión nerviosa en Alianza Lima. De un lado a otro, exaltadísimo. La altura, incluso cuando fue técnico íntimo, nunca fue su amiga. Y ayer lo volvió a recordar de la peor manera.
En cambio, Navarro sí reposaba en la tranquilidad que otorga haber encontrado fórmulas como la de su lateral derecho (si Guizasola mantiene el nivel de ayer el próximo año jugará afuera) o el avance de Chiroque, a quien solo le falta una cabeza levantada en sus desbordes para facilitarle la vida a un inspirado Sawa o al oportuno Vassallo.
Pudo ser un triunfo por demolición, pero se festeja igual. Porque se ganó a quien será el rival directo por la clasificación a la segunda fase copera, porque podrán viajar tranquilos a Río de Janeiro en busca del Flamengo y porque hay una nueva carta para ese tiro de gracia al golpeado Nacional. Bolognesi los recibirá el próximo martes 19 y perder dos veces en los dos primeros encuentros de Libertadores es sinónimo de prematura agonía. Que así sea.