Soñando fútbol Ante River, el santo demostró que Perú tiene herramientas para ganarle a cualquiera
Por Jorge Barraza. Periodista
Cienciano hace unos pocos años, Farfán y Guerrero más acá en el tiempo, la fulminante aparición de Reimond Manco, aquel convincente 3-0 sobre Uruguay en la Copa América... Todos fueron hitos que invitaron a creer en la redención del elegante y querido fútbol peruano.
No obstante, cuando el carro parecía vencer la empinada cuesta para luego acelerar y sonreír en bajada, volvía a caer hacia atrás y reaparecía el desánimo, esa vieja y amarga canción.
Esta vez la sensación es diferente, invita decididamente a la esperanza. Ninguno de aquellos episodios nos impactó más que el sensacional triunfo de San Martín sobre River. Edificado desde lo colectivo, basado en el buen trato de pelota, con mentalidad ofensiva y delanteros punzantes, con inclaudicable espíritu de lucha, personalidad Y con marca.
Saber marcar también es jugar bien. Por su tradicional dominio del balón, el jugador peruano se apoyó históricamente en su buen manejo y desatendió la marca, no se habituó a la presión, factor determinante en el juego actual: equipo que no presiona, pierde: simplísimo.
San Martín lo tuvo todo. Y le sobraron figuras individuales. Butrón, una vez más demostró su capacidad para salvar resultados, tapó dos remates de Abreu que eran el empate de River. ¡Pensar que no estuvo en la selección en la cruenta derrota ante Ecuador por un resfrío sufrido una semana antes...! (Errores que forman charcos de lágrimas).
Roberto Ovelar fue un castigo para todo el fondo millonario picando, hostigando, ganando por fuerza, por temperamento, por clase. ¡Qué extraordinario es el fútbol paraguayo! ¿Cómo un país pequeñísimo demográficamente, con grandes limitaciones económicas, posee tan alto nivel competitivo y es capaz de producir a granel jugadores de calidad? He ahí un insondable misterio.
Los tres medios, John Hinostroza, Edwin Pérez y Fernando del Solar, fueron un modelo de lo que debe ser un volante hoy: dinámica, despliegue, marca y juego.
El '10' talentoso y perezoso o los medios picapiedras no van más, la tendencia actual va hacia lo mixto. Debido a la velocidad del juego, es imperioso poseer, al menos, cierta precisión en el pase.
Todos brillaron. El helado de crema lo puso José Luis Díaz, un muchacho emigrado anónimamente de su país como otros cientos, que conoció los halagos en Chile.
El fútbol argentino lo descubrió este miércoles, por su bellísimo gol a Carrizo. Gol de crack.
Existe una verdad sacrosanta: por los técnicos hablan sus equipos. Y semejante victoria, por el funcionamiento más que por el resultado, es una calurosa carta de recomendación para el entrenador. Si alguien desea contratarlo, Víctor Rivera solo tiene que enviar el video de este partido y decir: "Esto soy yo como técnico". No va a engrosar el índice de desocupación. Segurísimo.
La ilusión que nace de esta notable victoria radica en que fue obtenida con un plantel modesto, sin estrellas, lo que reafirma que la preparación, el orden, el ingenio y el esfuerzo pueden equiparar el mayor talento adversario (no es el caso de River, club proclive a autoproclamar una supuesta brillantez que luego no se confirma. Desde que éramos chicos escuchamos un viejo clisé: "River tiene un plantel riquísimo". Decenas de veces no pudo corroborarlo).
En especial, San Martín demostró que hay armas para equiparar el mayor poderío económico de un rival (en esto sí: River gastó mil veces más que el novel equipo peruano).
Un grandísimo periodista dijo en Buenos Aires que la fase de grupos de la Copa no había que tomarla muy en serio porque los rivales de River, Boca y San Lorenzo de Almagro eran muy inferiores.
Otro fue más allá: aventuró que habría que hacer un hexagonal (por el número de clubes argentinos que participan en la Libertadores) y de allí sacar directamente al campeón.
La realidad no amparó sus vaticinios.
El Caracas venció con autoridad a San Lorenzo, el Cuenca hizo hocicar a Estudiantes y San Martín barrió a River.
La humildad es importante para la victoria. Y eso también fue patrimonio de San Martín. Este es el camino para recuperar la sonrisa.