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EDITORIAL

Pago de impuestos y chamanes

Por Roberto Abusada Salah. Economista

Mis colegas de profesión me tildarán quizás de tránsfuga y de haber abandonado la ortodoxia por coincidir, como lo haré aquí, con muchos empresarios que, preocupados por la apreciación del sol, claman porque se permita el pago de impuestos en dólares. Me dirán que mejor use mi tiempo en explicar por qué, en términos estrictamente económicos, tal medida no tendría mayor efecto sobre el tipo de cambio. Que el Estado, al recibir los dólares, los usará a su vez en comprar soles para cumplir sus obligaciones en nuestra moneda, neutralizando así el efecto deseado de encarecer el dólar. Más aun, me dirán que he perdido de vista nuestro compartido deseo de desdolarizar la economía. Aceptaré tales críticas como valederas.

Pero lo que no creo valedero es pensar que porque aquel análisis económico es correcto debamos tratar de majaderos a quienes solicitan una medida que en sus corazones creen que funcionará. Al fin y al cabo las creencias son poderosos factores económicos.

Además, en lo personal, cada vez me inclino más a tomar en cuenta nuestra preferencia por acudir a brujos y chamanes quienes gozan de tanta o más credibilidad que un médico y, ciertamente, que un economista. Una pasada de huevo o de cuy es entre nosotros tan importante como un diagnóstico facultativo y supera, a veces con creces en credibilidad, cualquier vaticinio de un ministro de Economía. Recordemos sino los ejemplos de presidentes bañándose en las heladas Huaringas o a una ex primera dama sometiéndose a las abluciones mágicas de un brujo cusqueño.

En el Perú existe libre cambio, libre movimiento de capitales, cuentas de banco y cajeros automáticos que operan moneda extranjera. ¿Si la gasolinera y el supermercado y hasta el taxista, aceptan soles o dólares sin distinción y el tipo de cambio es divulgado en todo momento, por qué el Estado debe necesariamente recibir pago en moneda local?

Veamos qué efectos podría tener la medida a corto plazo. Primero, en el período de pagos de impuestos que se avecina, algunos bancos dejarán de ganar algunas comisiones en operaciones de cambios. Segundo, el tesoro recibirá más dólares y quizás incurra en algún costo por comisiones al cambiarlos a soles. Pero actualmente el Estado posee amplia liquidez en soles disponible en el sistema financiero y de otro lado no le caerá mal obligarse a guardar algo más de liquidez en dólares para cubrir sus amortizaciones de deuda externa y una probable cancelación anticipada de unos 900 millones de dólares del remanente de los antiguos Bonos Brady. Por último, muchas empresas que llevan su contabilidad en dólares encontrarán que la medida les facilita la vida. En resumen, estaríamos ante una medida de escasa significación y, en todo caso, en defensa de la ortodoxia económica, diré que permitir pagar impuestos en dólares o soles no perjudica fundamentalmente a nadie y puede beneficiar a algunos cúmplese luego la condición de Pareto, padre de la teoría económica del bienestar.

Notará el lector que no he tocado aquí el árido tema alrededor de las medidas concretas que urge adoptar para mejorar el tipo de cambio real y el nivel competitivo del producto peruano y que deberían concitar la atención de todo el Gobierno.

Pero quién sabe, quizás el permitir hoy pagar impuestos con dólares sea la pócima que catalice los dones chamánicos de quienes creen tan intensamente en ello y termine, en efecto, ayudando al tipo de cambio.

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