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Fantasmas en el Congreso

Rincón del autor. Lo que sucede en nuestro Congreso es dramático y divertido a la vez por lo farsesco. Por lo menos refresca nuestra capacidad de asombro e indignación

Por Mariella Balbi

Ni el propio Harry Potter entendería por qué se contrata a tantos empleados fantasmas en el Congreso de la República. Aquí no se trata de un sofisticado asunto de magia, solo de indecencia pura y dura; lejana de la mandinga y el embrujo. Son 12 parlamentarios que muy frescamente han contratado a parientes políticos o directos, entenados, conocidos, cercanos y la mayoría fantasmas. Una, la (¿ex?) congresista Elsa Canchaya, ya fue separada, Walter Menchola sancionado y Jorge Saldaña de UPP se salvó de tres acusaciones, aunque quede la duda de si realmente le expropiaba el 50% del sueldo a su sobrina, presumimos que política, pero esto quedará en su hoja de vida junto con imputaciones adicionales de haber contratado a una menor de edad y a un fantasma, que finalmente no prosperaron.

Tula Benites (Apra) es la princesa del espiritismo nacional. El espectro que contrató, Juan Carlos Cuadros Noriega, nunca movió un pelo en el Congreso y encima la denunció por recortarle sus beneficios sociales (¡qué joven tan desagradecido!). José Vega se rehúsa a admitir el haber prohijado a un ánima, pareja de su hijo, en su oficina parlamentaria. El Apra tiene otra perla, el 'premo' político del legislador Luis Falla Lamadrid está bien instalado, sin tener experiencia laboral ni ser abogado colegiado, pero eso sí recibe siete mil 'morlacos', de nuestros impuestos claro está. La nacionalista Yaneth Cajahuanca contrató a su tío político que es repartidor de gas en Huánuco, su tierra. Del mismo partido, Rosa Venegas dice tener 'las manos limpias' aunque ha contratado a dos parientes políticos.

Ricardo Pando, del fujimorismo, tiene su fantasmón, y José Anaya (UPP) también está en la ruta de los duendes. El caso de Karina Beteta es más preocupante, es cuñada de un narcotraficante y ha sido su socia. Dijo desconocer que su pariente había sido sentenciado en 1998 por este tema. Y Susy Vilca es el colmo de la frescura nacionalista, se presentó al Congreso ocultando que había sido condenada por robar electricidad en su tierra. ¡Qué bonita familia tenemos y subvencionamos!

Verbalmente el Apra dice que no 'blinda' a 'nadies' pero con los actos 'desblinda' la sanción contra Benites. La discusión gira entre peculado sí, peculado no. UPP negocia sanciones por votos en otros rubros, la dilación es diaria y constante, y el 'ruleteo' en los castigos un deporte parlamentario. Están también los padres de la patria astutos que viendo que se venía el control expectoraron a sus protegidos, curándose en salud. No crea que los 'ampayados' se avergüenzan, qué va, se sienten respaldados por el voto popular. Es más, buscan tapar y enredar cualquier irregularidad y encima la justifican.

No importa el partido ni la procedencia política, cada bancada tiene su cifra repartidora de desvergüenza. Lo que sucede en nuestro Congreso es dramático y perversamente divertido a la vez por lo farsesco del asunto. Por lo menos refresca nuestra capacidad de asombro e indignación, cosa que ha perdido el resto de congresistas quienes, en un inaceptable espíritu de cuerpo, poco hacen para acabar con ello. Si nadie es culpable, pues todos son culpables.

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