Por Carmen Rosa Graham Administradora
Los acontecimientos en el Cusco durante estos últimos días nos llevan a reflexionar sobre los temas urgentes que deben cambiar en nuestro país, pues no son exclusividad del pueblo cusqueño y se presentan de distintas formas en cualquier parte del territorio y en los más diversos sectores de nuestra sociedad.
Creo que lo que nos enseñan desde muy niños y que dice "Cusco es el ombligo del mundo" y por extensión lo es el Perú (lo cual sucede en muchas otras ciudades del mundo), ha contribuido a que desarrollemos una mentalidad de mirar hacia adentro y hacia atrás.
Hacia adentro, pensando que somos los únicos en el mundo con diversidad étnica, los únicos con sociedad "fragmentada", los únicos con una historia muy rica y con maravillas arqueológicas, por lo que creemos que tenemos problemas muy distintos a los del resto del mundo y, por otro lado, que el resto del mundo debe venir a conocernos y estar dispuesto a correr riesgos por la inseguridad con que se vive en el país, en lugar de visitar muchos otros maravillosos destinos en el mundo. ¡Cuánta soberbia!
Hacia atrás, porque creemos que podemos vivir del pasado y de su legado, y como nos enseña Jesús: "No se puede arar la tierra mirando hacia atrás". Necesitamos poner en valor las obras de los antiguos habitantes del Perú, con obras tan o más importantes a las que hemos heredado. Tenemos una historia muy rica y debemos conocerla para aprender de ella, trabajar mejor el presente y forjar un futuro superior, no quedarnos en el pasado. ¡Cuánta ceguera!
Hoy el mundo nos ofrece más oportunidades que nunca. Lo más importante: nos ofrece la posibilidad de desarrollar instituciones, empresas y sociedad para llegar a ser un país desarrollado dando saltos cuánticos, es decir evolución instantánea, sin necesidad de aquellas dolorosas revoluciones del pasado.
Para esto necesitamos ampliar nuestra visión, dejar de mirarnos hacia adentro, ubicarnos en el globo e identificar cuáles son nuestras posibilidades, dejar de mirar los problemas menores y trabajar las oportunidades mayores. No pensar en lo que podría suceder si se hace algo, sino en lo que va a suceder si no se hace nada.
Ojalá las energías se dedicaran a presentar una propuesta, un plan de desarrollo, un plan de inversiones para hacer del Cusco una región ejemplar para el turismo mundial, y que las protestas fueran exigiendo la aprobación de las leyes y de los reglamentos necesarios para que en cinco años la región presente un perfil amable, seguro y seductor al turista y al inversionista.
Es imperativo que cambiemos, que seamos exigentes con nosotros mismos, que nos enfoquemos a objetivos trascendentales y dejemos la mediocridad que caracteriza a nuestra sociedad. Para ello debemos quitarnos las amarras que la costumbre, la tradición, la inseguridad y la falta de fe en nosotros mismos nos imponen.
La decisión es de todos y cada uno de nosotros como ciudadanos, trabajadores, empresarios y gobernantes, sintámonos orgullosos de nuestros actos y del ejemplo que damos a las nuevas generaciones. ¡Pensemos en grande y actuemos acorde!