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Una difícil vecindad

Por: Ernesto Velit Granda. Analista político |

Sería absurdo suscribir aquel axioma que señala el supuesto perverso de que las relaciones internacionales tienen que estar sujetas, necesariamente, a las reglas de la fuerza y que estas son imposibles de codificar y fundarse en normas jurídicas, aun cuando el poder represente algunas veces un elemento dominante en la vida internacional de los pueblos.

También debemos señalar que la Historia ha sido siempre un ejercicio indispensable para la supervivencia de las naciones, porque es a través de ella que conocemos de los antecedentes que dan sentido al futuro de los pueblos. De allí nacen los conceptos de historia acrítica, que lo justifica todo; y la crítica, que encuentra su fuerza en los criterios éticos que ayudan a interpretar los acontecimientos.

Reflexionamos así, a propósito de que a partir de que nuestra demanda por los límites marítimos con Chile fue depositada ante la Corte Internacional de Justicia, los vecinos del sur parecieran haber interpretado el ejercicio soberano de un derecho como una agresión o un gesto inamistoso, por decir lo menos.

Sin duda, fuimos obligados a recurrir a esa instancia jurídica suprema al haber fracasado nuestros intentos de utilizar los medios que la hermenéutica recomienda en la diplomacia del derecho internacional. Nada más lejos de nuestra intención que herir susceptibilidades o levantar muros a una vecindad que compartiremos por siempre.

Nuestra cancillería ha formulado, profesionalmente, un planteamiento jurídico, que no es de este artículo discutirlo, y ese documento académico y ajustado a la verdad histórica cuenta con el respaldo unánime e irrevocable de todo el país, sin excepciones.

Esta unidad no es una demostración de fuerza, es una prueba del convencimiento nacional con lo que se dice y con lo que se hace, en términos de soberanía y respeto internacional.

Algunos incidentes últimos, como la detención de una nave pesquera peruana, las declaraciones poco felices del vicecanciller chileno, así como las innecesarias y exageradas muestras de amistad entre Chile, Ecuador y Bolivia, no conducen sino a crear un escenario que no es precisamente el que exige la defensa de una relación como la peruano-chilena que todos tenemos la obligación de mantener en sus mejores niveles.

La visita que el 12 de marzo hará el presidente de Ecuador a Chile será motivo de una declaración conjunta cuyos alcances son muy fáciles de adivinar, ya que conocemos las coincidencias de ambos frente al diferendo marítimo y a la posición del Perú.

Los medios de información de Chile, el diario "La Tercera" por ejemplo, critica la "sobrerreacción de las autoridades chilenas por algo que se sabía iba a venir. Es una manera de obtener dividendos políticos fáciles". Nos abstenemos de comentar.

El Perú ha entrado, con su demanda ante La Haya, a un proceso de solución de controversia estipulado internacionalmente en tratados suscritos por los países del hemisferio. No hemos ido a cuestionar la intangibilidad de los tratados ni la estabilidad de las fronteras, como irresponsablemente se nos acusa.

El Derecho Internacional precisa que los límites entre los estados son establecidos o por acuerdo entre las partes o a través de sentencia del Tribunal Internacional. Los espacios marítimos no pueden depender de la sola voluntad de un Estado ribereño.

Hemos sido consecuentes con lo que el derecho internacional y la convivencia civilizada nos imponen. Ratificamos con ello nuestro convencimiento y nuestra fe en la fuerza del derecho antes que en la fuerza de las armas.

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