Por Luis Puiggrós
Tras 69 días de espera, volvió el espectáculo, regresó la Liga de Campeones y resaltaron cuatro encuentros de estos octavos de final. El fervor y entrega del Liverpool justificó su triunfo ante un defensivo Inter por 2 a 0, y en intenso partido la Roma en su estadio derrotó al Real Madrid por 2-1.
El miércoles empataron a cero el Arsenal y el Milan en tierras inglesas, y el FC Barcelona, en notable actuación, volvió a brindarnos un gran espectáculo --luego de cerca de dos años sabáticos-- al vencer a domicilio al Celtic por 2-3. Dentro de dos semanas, se jugarán los partidos de vuelta.
Los azulgranas se durmieron en sus laureles luego de jugar a un gran nivel dos años y medio que coronaron en el Stade de France el 17 de mayo del 2006 cuando levantaron la copa de la Champions League tras derrotar por 2-1 al Arsenal.
Luego se aburguesaron, mellaron su disciplina ante la pasividad de su presidente Laporta y de su entrenador Rijkaard, quienes consentían la falta de compromiso de Ronaldinho, que pasaba más tiempo en el gimnasio que entrenando con sus compañeros. Con él, Eto'o y Deco estaban más pendientes de sus compromisos publicitarios. Además, el equipo perdió frescura y estado físico, al igual que los 'galácticos' del Real Madrid.
La prensa, muchas veces cómplice por su afán de vender, los llamó "los cuatro fantásticos" cuando el FC Barcelona incorporó al francés Henry a principios de esta temporada. Messi, Eto'o y Ronaldinho completaban el cuarteto, pero largas lesiones inoportunas, dos de Eto'o y Messi y otras de Ronaldinho, no les permitió actuar juntos. El miércoles fue la segunda vez que lo hicieron.
Pero esa no es excusa para lo que debe ser un verdadero equipo como el FC Barcelona, cuyo compromiso con el buen fútbol lo perdió al dejar de lado la disciplina.
Una actitud no se puede juzgar por un partido, pero el jugado contra el Celtic nos hace pensar que han vuelto en gloria y majestad. Regresó el 'pressing' asfixiante que hacen a la salida del rival para recuperar lo más pronto posible el balón, para jugarlo a un toque y en velocidad, un estilo que encuentra la sorpresa para romper las cerradas defensas del fútbol de hoy. Crearon numerosas oportunidades de gol, pero lo esencial es que volvieron a jugar al fútbol, no al lucimiento de sus individualidades. Por el bien de este, ojalá que una golondrina no haga un verano.