Freddy Ternero usó 45 jugadores y ganó tres partidos. Franco Navarro citó a 40 y solo festejó ante Panamá. Julio César Uribe trabajó con 35 elementos y tuvo mejor récord: dos victorias en siete encuentros. La suma de los factores no siempre mejora el producto.
Pasa con Perú. La selección es precisamente eso, un grupo selecto en el que tienen que estar los mejores jugadores, no los mejores amigos. Y en un universo de futbolistas tan reducido como el nuestro, en el que se prende la luz de un crack cada veinte años, todas las convocatorias tendrían que ser previsibles. Todas, salvo las del entrenador José del Solar.
Con el mismo tiempo en el cargo que Ternero o Uribe, Chemo ha llamado a 55 jugadores entre agosto del 2007 y febrero del 2008. El saldo es terrible: un partido ganado sobre nueve jugados.
Todos los arqueros, los centrales, los volantes y los delanteros posibles han pasado en el último tiempo por la Videna. Del medio y de afuera. Y Chemo todavía no tiene el equipo.
Pero no es la cantidad de citados lo que preocupa de la era Chemo, exaspera la calidad y el criterio de selección. Él, que creía en la legión 'extranjera' por sobre todas las cosas, ahora llama a Carlos Solís y Mario Gómez para ganarle al armadito Ecuador. Él, que dijo que nunca haría el ridículo con menores, convoca a Reimond Manco y Néstor Duarte, ambos con minutos interesantes en el torneo pero sin un solo partido brillante que se recuerde.
En los últimos meses, la selección ya no es un ascenso que se gana en la cancha. Nadie sabe bien qué es.
Estamos a días de una nueva convocatoria (Perú juega el próximo 26 de marzo con Costa Rica en Iquitos) y es casi oficial que la cifra crecerá. Desde la Videna ya se iniciaron los contactos para repatriar a George Forsyth (Atalanta, ITA), Carlos Zambrano (Schalke 04, ALE), Daniel Chávez (Brujas, BEL), Roberto Merino (Atromitos, GRE), Andrés Vásquez (FC Zúrich, SUI) y Hernán Rengifo (Lech Poznan, POL), con lo que el número de reclutados para defender a Perú llegaría a 61.
Está bueno que el planeta crea que somos el hermano menor de Brasil, el que también juega bonito. Pero ni siquiera Dunga, el entrenador del único pentacampeón del mundo, se ha dado el lujo de probar a tantos jugadores.
LA NUEVA LEGIÓN
Merino. En la temporada 2007/2008 ha jugado 394 minutos. El diez del Atromitos griego alterna el banco con la cancha.
Vásquez. Jugó sus últimos 90 minutos ante el Hamburgo de Guerrero, en el choque de ida, por la UEFA.
Rengifo. Con un buen promedio (8 goles en la última temporada), tendría su primera oportunidad en la selección de Chemo.
Zambrano. Con 18 años ya forma parte del primer equipo del Schalke 04 de Alemania. Aún no debuta en la Bundesliga.
ENFOQUE
CARLOS SALAS
Concesión tribunera
Lo veía y no lo creía. Tuve que pedir la grabación y poner 'rewind'. Cuatro meses después de declarar en Quito que no haría papelones llamando a juveniles, Chemo del Solar anuncia --con ese tono madrileño suficientemente parodiado-- que citará a la "sangre joven", lo que significa la convocatoria de mínimo un par de 'jotitas' y de --suponemos-- algún 'extranjero' junior tipo 'Rabona' Vásquez.
Después de apostar por 'foráneos' que le fallaron y de encabezar aquel inolvidable plan de altura que incluía jugar con un lateral con 5 kilos de sobrepeso, Chemo cede al clamor callejero y en su acción más populista se suma al coro que exige renovación generacional. La medida se contradice con el Chemo que --hace poquito nomás-- elogiaba la experiencia de su legión y declaraba que la selección era un club de universo reducido, "no apto para cualquiera". No tengo nada contra Manco, pero todavía no le recuerdo ningún partido de 7 puntos que justifique un llamado, cosa que sí tiene --por ejemplo-- Fano, ignorado en todas sus listas. Tampoco creo que el chico Delgado de Cristal sea mal jugador, pero no lo veo más que Pérez o Hinostroza, los volantes del campeón, que tuvieron que romperla ante River para que Chemo recién hable de ellos. Ni qué decir de Vásquez, que llegaría más por su jugadita en Youtube que por su presente en FC Zúrich.
Con semejante concesión tribunera, Chemo aniquila el valor de premio que siempre tuvo la selección y la transforma en una estación de fácil acceso. Al equipo de todos ya no van los que hacen méritos en largas campañas, o mínimo en un puñado de buenos torneos, sino que ingresa cualquier mortal que con cinco partidos es pedido por la gente. Penoso, pero cierto.