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ANALISIS POLÍTICO

La Torre de Babel de la política peruana

Por Diana Seminario Marón

Tras los sucesos políticos y vandálicos de la última semana, se nos vino a la mente la historia bíblica de la Torre de Babel, aquella en la que los habitantes de Senaar quisieron construir una torre tan alta que llegara al cielo "mas Dios confundió su lenguaje, de tal manera que no entendía cada cual el de su prójimo". Una suerte de Babel es lo que se ha estado viviendo en la política peruana, donde todos hablan pero nadie se entiende.

Lo primero que nos remitió a la escena del Antiguo Testamento fue el paro agrario que terminó el martes con el lamentable saldo de cuatro vidas perdidas. Fueron varios los días en los que el Gobierno y los gremios agrarios conversaron y hasta llegaron a firmar un acta de compromiso de no paralizar, documento que desconocieron a las pocas horas para finalmente ejecutar su medida de fuerza.

Otro fue el asunto del decreto supremo que establecía como criterio de contratación de maestros que estos hayan pertenecido al tercio superior. Ante tal decisión, los especialistas consideraron inconveniente la medida, lo mismo que los presidentes regionales quienes se negaron a aplicarla. Sin embargo, no había marcha atrás, el ministro de Educación José Antonio Chang insistía en el tema sin visos de variar su posición. Ante el evidente entrampamiento las voces que parecían irreconciliables llegaron a un acuerdo y se dio el humo blanco: examen para todos. Recién comprendieron que sí estaban de acuerdo, que estaban convencidos de que querían mejorar la calidad de educación. Apuntaban a la misma dirección pero en idiomas diferentes.

Y lo visto en el Cusco no solo es ausencia de entendimiento, sino falta de voluntad, sumado a un nada disimulado móvil político, sino ¿cómo se explica que pese a que la Ley del Patrimonio Cultural de la Nación se modificó --dejando a las regiones la potestad de decidir qué zonas aledañas a monumentos arqueológicos podían ser dadas en concesión-- se insistiera en la paralización, con las nefastas consecuencias de lo ocurrido para la imagen del país en el exterior?

El diálogo puede ayudar, pero no es lo único, sobre todo cuando hay interlocutores cuya bandera de lucha es el radicalismo y no se dan la oportunidad de entender razones, o cuando existe un Gobierno que reacciona tarde y tiene que tomar medidas de emergencia para ordenar un caos más que cantado ,y que parece incapaz de hacer cumplir la ley y sancionar a quienes pretenden encontrar en la violencia la vía para el estrellato político. ¿En qué idioma estamos hablando?

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