Un ex socio del narcotraficante Fernando Zevallos accedió a ser entrevistado para contar el accionar delictivo de 'Lunarejo'. Luego su esposa y él acusaron al periodista de haberlo querido extorsionar
Por Miguel Ramírez. Unidad de Investigación
En 1995, cuando empecé a investigar el caso de Fernando Zevallos 'Lunarejo', un policía peruano que en los años ochenta había intentado sin éxito poner tras las rejas al narcotraficante, me advirtió: "Si tienes familia, ni te metas con él. No tienes ni idea de cuán poderoso e influyente es. Nunca descansa, y si alguna vez lo denuncias periodísticamente, nunca te dejará en paz".
Han pasado 13 años desde aquella advertencia. Y durante todo ese tiempo he constatado en carne propia que lo que me dijo ese policía era cierto.
Lo que me ocurrió el viernes último en el penal de Yanamilla (Ayacucho) y las llamadas telefónicas que una persona anónima hizo posteriormente a El Comercio, en las que anunciaba atentar contra mi vida, forman parte de un rosario de amenazas, mensajes y calumnias que he recibido durante todos estos años. No sé, pues no puedo probarlo, si en estos dos casos está la mano de 'Lunarejo', pero es evidente que se trató de una maniobra oscura del narcotráfico.
Como ya se ha dicho ayer, el viernes 22 acudí hasta ese penal a entrevistar al interno Luis Dávila Melgarejo, quien fue socio de Zevallos en el tráfico de drogas. Según varias versiones, también había conocido a José Mejía Regalado, otro hombre de confianza del narcotraficante. Sobre eso versaría la entrevista.
Todo estaba bien hasta que apareció el fiscal Óscar Núñez Mora con una denuncia por extorsión que la esposa de Luis Dávila Melgarejo me había planteado momentos antes. Luego, cuando el fiscal nos confrontó, Dávila, con un cinismo a prueba de balas, dijo que yo lo estaba presionando para que hablara en contra del narcotraficante Fernando Zevallos.
Se trató de una trampa, pero esta quedó al descubierto momentos después.
PUNTOS POR INVESTIGAR
Hay muchos temas por investigar respecto de este incidente. Por ejemplo, cuáles fueron los argumentos de la esposa del interno Luis Dávila Melgarejo para que el fiscal Óscar Núñez Mora se constituyera en ese lugar con gran celeridad tras denunciar que un periodista del diario El Comercio (o sea yo) estaba tratando de extorsionar a su pareja.
¿Cómo hizo la esposa de Luis Dávila Melgarejo para convencer al fiscal Óscar Núñez de que su denuncia era cierta y para que este (Núñez) saliera disparado hacia el penal de Yanamilla?
¿Qué o quién motivó a Dávila Melgarejo para que después de haber aceptado ser entrevistado por mí el día miércoles cambiara intempestivamente de opinión y, por el contrario, me acusara --con el mayor cinismo y ante la sorpresa de los testigos que afortunadamente estaban allí-- de intento de extorsión?
Pero la verdad siempre se abre paso . Yo tenía en mi poder el documento con la autorización oficial del Instituto Nacional Penitenciario (INPE) para realizar dicha entrevista. El permiso se me había concedido luego de que, el miércoles, Luis Dávila aceptara ser entrevistado por mí. Y, lo que es más importante, dos agentes del INPE habían sido testigos presenciales de la conversación que estaba sosteniendo, antes de la entrevista, con el interno.
Los agentes se llaman Luis Ucharima Campos y Hugo Sánchez Jaramillo, quienes atestiguaron ante el fiscal Núñez que en ningún momento pretendí extorsionar o presionar a Dávila Melgarejo. Los dos efectivos estaban parados a menos de dos metros del lugar donde me encontraba conversando con el interno y escucharon toda la conversación.
MÁS CALUMNIAS
No es la primera vez que el narcotráfico me calumnia. En el 2004, Jorge Chávez Montoya 'Polaco', el lugarteniente de Fernando Zevallos, dijo en un programa de televisión que yo le había ofrecido 70 mil dólares a cambio de que incriminara en una entrevista periodística a su jefe en el tráfico de drogas.
Hasta mostró una tarjeta personal, que supuestamente yo le había dado. Allí, incluso, aparecía el número del teléfono de mi celular escrito de mi puño y letra.
Dos años después, en el 2006, Chávez Montoya --quien en ese momento se había distanciado de Zevallos porque se enteró de que este lo había mandado a matar-- me contó que fue Zevallos quien le ordenó calumniarme en esa entrevista televisiva.
También en el 2004, un sicario de Fernando Zevallos, llamado Néstor Purificación Marreros, fue entrevistado en ese mismo programa de TV y me acusó de haberlo querido sobornar para que declarara en contra de Zevallos.
Como la verdad siempre sale a la luz, tiempo después el programa "La ventana indiscreta", de la periodista Cecilia Valenzuela, difundió unos audios en los que se escuchaba a Fernando Zevallos que daba órdenes a Marreros.
Lo que me ocurrió el viernes en el penal de Yanamilla es una prueba de que el narcotráfico es capaz de todo para amedrentar a todos los periodistas que respiramos en la nuca de los capos de la droga.