Por Fernando Vivas
Laura ya ha sido condenada en las tres instancias del Poder Judicial pero, terca como ella sola, ha apelado a una ficticia última instancia: la propia TV. En ella triunfó y en ella sufrió su gran derrota moral y judicial: cuatro años de prisión suspendida por complicidad en delito de peculado.
La condenada ha vuelto a la 'tele' para que le revoquen su condena irrevocable. Pero el fallo, aunque sin valor judicial, confirmará su derrota: Laura ya perdió y lo que vemos es su patético mutis por el foro. No tiene prestigio ni credibilidad, no es siquiera una imagen, es una suma de puntos prendidos con alfileres en el éter y que se mantienen así mientras haya broncas y mentiras.
Y son estas mismas broncas y mentiras las que apurarán la ejecución final de la condena, su zapeo fatal. El medio no le va a extender ningún perdón porque el desprestigio se pega y porque fue engañado: Laura mintió diciendo que su nueva temporada estaría lavada de violencia física. Pasó tres programas moderados y al cuarto, ¡zas!, se desató la trifulca. La Asociación Nacional de Anunciantes (ANDA) la ha puesto en luz ámbar y en cuestión de días podría estar ya en luz roja. O sea, el gremio empresarial que sustenta la pantalla le bajaría oficialmente el dedo, aunque informalmente ya se lo bajaron, pues tiene pocos que la anuncien.
Para remate, Mónica Cabrejos ha destapado, en su segmento de "Buenos días, Perú", el caso de Cecilia Zorrilla, panelista pagada para mentir como muchas, pero que contó la farsa al verse descubierta por gente de TV que la conocía como asistenta de otras producciones. Bozzo le ofreció pactar a la panelista bamba y al esta negarse, dice que la coaccionó y amenazó.
Pues Zorrilla ha hecho una denuncia policial, y Laura se la juega. Sí, amigos, porque la sentencia de la Corte Suprema, a cuya parte resolutiva he tenido acceso, dice que la suspensión de carcelería para Bozzo está "sujeta a reglas de conducta" y a "inhabilitación" para ejercer cargo público. Su oficio de animadora metida en líos de comisaría no encaja, exactamente, en esas definiciones, pero se les acerca tanto que el PJ podría decidir la suerte de Laura antes de que lo haga la propia televisión.