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Rincón del autor

China en Cuba

Lo que Raúl Castro anunció fueron medidas que, en última instancia, llevan a devolverle al mercado la producción y distribución de los bienes esenciales

Por Jaime de Althaus Guarderas

Con la sucesión de Raúl Castro, Cuba se ha convertido no solo en una variante de monarquía hereditaria, sino en un régimen casi teocrático. Dijo, en su discurso, que Fidel es insustituible y recordó que "Fidel oye la hierba crecer y ve lo que está pasando al doblar de la esquina". Poderes sobrenaturales particularmente útiles para el control político y social, indispensable en un régimen en el que no hay libertad alguna, ni siquiera para los pequeños negocios, pero que tiene que empezar a liberalizar.

En efecto, lo que Raúl Castro anunció hace cinco días fueron medidas que, en última instancia, aunque no quisiera reconocerlo explícitamente, llevan a devolverle al mercado la producción y distribución de los bienes esenciales. Para comenzar, prometió reducir el "exceso de prohibiciones y regulaciones", y la "enorme cantidad de reuniones, coordinaciones, permisos, conciliaciones, disposiciones, reglamentos, circulares, etc.". Es decir, soltar algunos controles a fin de conceder un grado mínimo de libertad económica, aunque todavía no de apertura. Esto, naturalmente, a fin de aumentar la producción, absolutamente ahogada, desalentada o impedida por precios irreales, controles y una planificación central fallida que nunca pudo sustituir eficientemente al mercado como asignador de recursos e insumos.

Este cambio no va todavía, sin embargo, hasta el punto de privatizar las empresas estatales, que lo son todas, como sabemos. Sino darles mayor autonomía para tomar algunas decisiones, aunque aparentemente aún no la de poner sus propios precios. Y sin sistema de precios libres, no hay mercado, como sabemos. En cambio, sí se legalizaría y permitiría el desarrollo de los pequeños negocios que ahora operan ilegalmente, y por allí acaso comience el camino de la libertad de precios.

Lo más probable es que esta libertad se entregue muy gradualmente, porque al mismo tiempo Raúl ha anunciado el fin de "los millonarios subsidios que actualmente suponen numerosos servicios y productos distribuidos de una forma igualitaria, como los de la libreta de abastecimiento, que en las actuales condiciones de nuestra economía resultan irracionales e insostenibles".

De modo que en la distribución también será el mercado el que tienda a sustituir al Estado. Pero soltar producción y distribución a la vez, liberar los precios y eliminar simultáneamente subsidios --dos caras de una misma moneda--, supone un ajuste muy fuerte, aunque lleve rápidamente al aumento de la producción --ahora hay escasez absoluta-- y de los ingresos de la población.

Por eso, el desmantelamiento de la economía socialista será una operación de filigrana, de relojería fina. Las libertades se irán entregando poco a poco, pero para poder hacerlo ordenadamente y contener cualquier atisbo de protesta ante el ajuste, el régimen mantendrá el férreo control político que lo caracteriza. Es, aunque muy tímida aún, la solución china: liberar la economía desde la dictadura política.

Para ello, Raúl Castro sigue contando con una ayuda invalorable: "la verdadera guerra que libra el Gobierno de EE.UU. contra nuestro país", expresada en el bloqueo económico, que le permite al régimen unificar al país detrás suyo y reprimir cualquier disidencia.

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